miércoles, 6 de enero de 2010

El nombre de las cosas

     Retirado. Pueden encontralo en Cosas que nunca confesé a nadie.

2 comentarios:

Esther dijo...

Los recuerdos van, vienen, entre décimas de fiebre, esperas en el consultorio y llantos. Los envuelve el humo del tabaco (el de antes, el del narrador, el de los otros), sí, pero existen porque existen esas miradas clavadas en la memoria.
No es más que la vida, esa cosa que nos ocurre a todos. Los muertos que fueron, pero nunca se terminan de ir. Los niños que llegan. La mirada de los unos y de los otros, en el presente o en el pasado.

Pero, entre todas, hay una, especial, única: esa mirada de la niña, observando todo como si se preguntara el nombre de las cosas. Los ojos de la niña nos dicen, en definitiva, quiénes fuimos, somos y seremos, y en esa mirada los que hemos amado siguen estando, y sabemos que mañana, en otro día, cuando la niña ya sepa el nombre de todas las cosas, seguiremos recordando esa mirada, y en ella, contenidas todas las otras.

Un cuento hermoso, Boris, y relatado con maestría.

Un gusto volver a leerlo, compañero.

Cariños,
Esther

Boris Rudeiko dijo...

Esther, el gusto lo tengo yo por leer ese comentario. Qué claridad de anális. Y qué bien has resumido el relato.
Besos,
Boris.