Cuando estaba esperando al final de la cola, llegó un hombre y me pidió la vez. Su cara me resultaba familiar, pero no supe por qué. Lucía barba blanca, bien poblada, y una franca sonrisa, como la de un hombre feliz y bonachón.
La mañana era fría, de cielo azul. Una de esas mañanas gélidas de invierno que hacen castañear los dientes y echar vaho por la boca. Faltaban dos semanas para Navidad.
El hombre de la barba blanca, que aparentaba unos ochenta años, poco después de llegar me dijo:
—Mire, si viene alguien dígale que vuelvo enseguida.
—Claro, vaya usted tranquilo —le dije yo—. Parece que la fila se mueve despacio. Así que tómese su tiempo, no se preocupe.
—Es que necesito tomarme un café, no he desayunado aún, con las prisas por llegar pronto, ya sabe… —dijo, y se alejó, caminando despacio.
Estuve pensando en el anuncio del Centro Comercial, en los ocho euros por hora que pagaban, y calculando el dinero que podría obtener si conseguía el trabajo, cuando volvió el de la barba blanca, frotándose las manos desnudas. Me dio las gracias y dijo:
—Qué bien sienta un cafelito caliente. Si quiere vaya usted también a tomarse uno.
—No, yo ya he desayunado en casa —repliqué.
—¿Por qué se presenta a esta entrevista? —me preguntó de improviso el anciano.
—Es que llevo tiempo sin encontrar trabajo y he agotado el subsidio de paro —respondí—. Hay que encontrar algo para dar de comer a la familia.
—¡Vaya, cuánto lo siento! A mí es que me gusta este trabajo —añadió él.
En ese momento, un hombre que salió del Centro Comercial se acercó a nosotros. Le dijo al anciano de la barba blanca, al que parecía conocer, que los de la entrevista eran unos cabrones. Y añadió:
—Después del puto interrogatorio, van esos tíos y me dicen que estoy delgado para el puesto, que no sirvo. Podían haberlo advertido en el anuncio, joder, o antes de someterme al tercer grado. Me hubiera quedado en la cama, tan ricamente.
El de la barba blanca le dio la razón y unas palmaditas en la espalda. Advertí entonces que era un hombre corpulento, con un enorme estómago, como yo, así que nos miramos y sonreímos mientras el otro se marchaba, murmurando. Detrás de mí se habían congregado más de cien personas. Muchos estaban gordos también, desde luego. Pero no vi a ninguna mujer.
—¿Usted tiene experiencia en este tipo de trabajo? —pregunté al anciano, luego de un largo silencio.
—Hombre, sí. Llevo en esto desde que me jubilé, hace bastantes años. Lo que pasa es que la experiencia ya no es lo único que cuenta, claro.
—Pues yo… es la primera vez que vengo —le dije.
—¿Habla usted inglés? —inquirió.
—Bueno, hablar, hablar… Me defiendo —respondí—. ¿Por qué me lo pregunta?
—Es que el año pasado pedían inglés —dijo él.
—¿Y estudios?, ¿piden estudios?
No tuvo tiempo de contestarme, sufrió un desvanecimiento. Suerte que pude sujetarlo a tiempo y evité que cayera al suelo. No fue necesario llamar a una ambulancia, pues un señor de la cola, que era médico, acudió al instante a socorrerlo. Mientras le tomaba el pulso, el anciano reaccionó y dijo que era diabético y había sufrido una bajada de azúcar. Lo acompañamos a un bar cercano, lo ayudamos a sentarse a una mesa, algo mareado aún, y se tomó una magdalena y un café con leche. Después volvimos a la cola, el médico, el anciano y yo.
—¡Vaya susto nos ha dado usted! —le dije, cuando el médico ocupó su sitio.
—No es nada, solo que tanto tiempo aquí, de pie… tendría que haber comido algo.
Estábamos a punto de entrar, cuando un señor con traje y corbata salió del Centro Comercial y gritó que este año no necesitaban más Papás Noel. La gente se dispersó y yo, afligido, me despedí de mi compañero, estrechándole la mano.
—Oiga, Boris, ¿sabe que El Corte Inglés hace mañana las entrevistas? —dijo el anciano.
—Sí, sí, allí estaré, a ver si tenemos más suerte.
—Hasta mañana, entonces.
Manuel Navarro Seva.
Diciembre de 2010
2 comentarios:
Manuel,
Este cuento lo leí en Prosófagos. No sé si lo has modificado, pero como siempre te digo, me parece excelente. Ese toque final con lo de "Boris" me encantó.
Besos,
Blanca
Muchas gracias, Blanca.
Creo que no lo modifiqué más de lo que lo hice en el foro.
Besos,
Boris.
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