La mujer que había dentro de mí se ablandaba cuando él me pedía perdón y decía que no volvería a hacerlo. La primera vez me sorprendió. Luego los insultos y los golpes eran tan frecuentes, por cualquier cosa, que me aterraba hacer algo que pudiera molestarlo. Un infierno.
Ayer fueron las lentejas. “Están saladas”, gritó. Se levantó, tiró la servilleta, me dijo que no servía para nada, y me cruzó la cara con el dorso de la mano. Corrí a la cocina, temblando. El demonio que había dentro de mí preparó el café, bien cargadito, como a él le gustaba.
Manuel Navarro Seva
Madrid, febrero 2011
6 comentarios:
Boris,aunque ya te lo leí, no te comente. Corto pero efectivo. El café ¿con una carga especial, no?.
Me gustó.
Por cierto, que suerte haber departido con Eli en la presentación de su libro. A ver si tenemos suerte y nos hace una presentación por Alicante. Estaría encantado de conocerla en persona y que por supuesto, me firmara su libro.
Un saludo.
Hola, Jecobe,
Me alegra que te haya gustado.
Como ya he dicho, conocer y hablar con Elisabet ha sido fantástico. A ver si hay suerte y va a Alicante.
El libro lo estoy leyendo y me parece una de esas novelas amena y de las que atrapa. Está muy bien escrito.
Un saludo,
Boris.
Hola Manuel, qué sorpresa encontrarte, casualmente he entrado a La Ventana de Millás y he descubierto tu blog, y para más inri veo que has publicado un relato que empieza con la frase que yo dejé para la posteridad...
Un abrazo de una ventaniana
Bea
Qué alegría, Beatriz, de vez en cuando escribo alguno aún para el Millás, aunque ya no es lo que era. Este de las lentejas empieza como acaba tu relato ganador de aquella semana, no recuerdo el título, pero sí que era buenísimo.
Supongo que sigues con tu cine y con tus micros. Aún recuerdo ese corto tuyo, fantástico: Papiroflexia.
Un abrazo de otro ventaniano,
Manuel.
Es un cuento de los que me gustan, sin explicaciones, tácito y certero.
Muchas gracias, anónimo.
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