domingo, 4 de mayo de 2014

El rosario


Mi madre rezaba el rosario todas las tardes. Cuando terminaba, lo dejaba colgado en el cabecero de su cama hasta que lo descubrió mi hijo, que tenía 6 años, se lo llevó a casa y lo metió en la caja de sus juegos. Se volvió loca buscándolo hasta que un día lo encontré y se lo devolví en una cajita blanca de plástico. No volví a verlo hasta el día en que tuvimos que deshacernos de los muebles para vender su casa. Estaba en la misma cajita blanca, dentro de un cajón de su armario ropero, debajo de su ropa interior. Junto al rosario había una nota doblada que decía: «Este rosario para mi nieto Manuel».

©Manuel Navarro Seva 

4 comentarios:

San dijo...

Manuel más bonita y tierna, imposible.
(Estoy con tu libro yyyyyyyy DISFRUTANDOLO, ya te diré cuando llegue al fin.)
Un abrazo.

Boris Rudeiko dijo...

Gracias, San, por comentar.
Me alegra que te esté gustando el libro. Espero que me digas algo.
Un abrazo.

Jesús García dijo...

Tierno el texto.

Un abrazo.

Boris Rudeiko dijo...

Jesús, gracias por pasar. Un abrazo.