jueves, 18 de septiembre de 2014

Prólogo de Mayte F. Uceda para EL HÁMSTER

Mayte Fernández Uceda, una gran escritora y buena amiga, ha tenido la amabilidad de prologar la nueva edición en papel de mi libro EL HÁMSTER. Desde esta página quiero agradecerle sus amables palabras para mí y mi libro, que verá la luz en breve con el sello Eriginal Books y la portada de Ernesto Valdés. 

Full cover no definitiva

Prólogo


Siempre he admirado a los autores de  relatos cortos. Hace falta ser un escritor muy hábil en el uso de la palabra y en el manejo certero de los adjetivos para contar una historia en pocas líneas. Se requiere condensar la narración en la acción y no en la anécdota, no hay lugar para largas descripciones, divagaciones morales o planteamientos psicológicos. El autor debe centrarse en lo que sucede, sin tiempo ni espacio para más exposiciones.

Con estas limitaciones se hace imprescindible que el autor desarrolle su relato dejando parte del mensaje implícito entre líneas, para que el lector pueda extraer lo que falta, lo que no está dicho. Cada lector se vuelve cómplice directo del autor, perfilando en su mente cada detalle, cada giro inesperado.

Tendemos a pensar que un relato breve es un resumen de una historia, y no es así. Un relato, aunque sea corto, es una historia donde cada frase cuenta.

 Para lograr sembrar en el lector una reflexión, un sentimiento o simplemente un eco en su interior, los escritores de relato recurren al impacto emocional en las primeras líneas o al giro inesperado en las últimas. Es por ello que, aunque las historias que nos cuentan son cortas, están cargadas de emoción, suspense, drama o humor. No hay tiempo ni espacio para calar hondo en la mente del lector. El efecto que queremos producir debe ser inmediato.

En este libro de relatos de Manuel Navarro, los seres de ficción que lo pueblan toman entidad por sí mismos, sin alcanzar a ver al autor manejando los hilos que los mueven. Manuel los va dibujando pausadamente, enfrentando al lector a sentimientos existenciales tan ligados al hombre como el amor, el miedo, la desconfianza, la muerte, el deseo, la esperanza...

De esta forma nos somete a continuas reflexiones sobre la narración, logrando que no lleguemos a distanciarnos de los sentimientos descritos, de las sensaciones que experimentan los personajes. Las circunstancias son tan cercanas que pudiéramos llegar a imaginar que alguno de ellos se aferra a nuestro brazo y nos susurra al oído: «Ven conmigo; vivirás lo que yo vivo, sentirás lo que yo siento». Este es el influjo de la prosa detallista, descriptiva y minuciosa que caracteriza los relatos de Manuel Navarro:

Caminamos durante casi media hora hasta llegar a la cala, un lugar solitario, playa de arena oscura, rodeada de grandes formaciones rocosas y escasa vegetación. Nos bañamos desnudos y después nos tumbamos bajo un sol ardiente. Él se acerca y me acaricia el pecho. Yo le aparto la mano. (En la cocina).

Otras veces, una frase al comienzo de un relato es capaz de definirlo todo: estructura, tono, estilo, ritmo, y a veces hasta el carácter de algún personaje:

Ellos nunca me lo dijeron pero yo lo sabía. (Mis padres).

Hay muchas formas de narrar historias, una por autor. En el caso de Manuel Navarro el estilo no es un adorno ni la técnica es un esnobismo, no hay exceso de palabras y el autor escapa de la obviedad clásica del planteamiento, nudo y desenlace que lo hace todo previsible. Entonces las historias descienden sobre nosotros desde el cielo de las palabras y nos arañan el corazón, haciéndonos partícipes de los finales apenas insinuados.

Admito que hay algo en su forma de escribir que me impulsa a leer todo lo que publica. Tal vez sea el lenguaje pulcro y libre de oropeles, o su tono franco y abierto. También puede ser la sencillez con la que construye sus historias, y por sencillo no me refiero a simple, pues la proporción justa en estos casos supone la dificultad más grande con la que tropieza un autor. Pasión por las palabras, diligencia y empatía dan forma al triángulo virtuoso que tanto me fascina de su prosa, carente de melosidades o enérgicos arrebatos.

La naturalidad es su distintivo.

Como natural es su forma de ser. Comencé admirando su faceta de escritor y he terminado admirándolo también como persona. Manuel es el compañero de letras ideal: atento, participativo, amable y siempre dispuesto a compartir su sabiduría. En un mundo donde el tiempo se ha vuelto más valioso que la piedra más hermosa no abundan los que se detienen a tu lado mientras todo bulle a un ritmo vertiginoso. Pero Manuel lo hace, y no solo se detiene sino que extiende la mano dispuesto a ayudar.
Todo un lujo.

Pongo fin a este prólogo con la alegría de formar parte de este proyecto. El lector encontrará en esta obra doce relatos escritos en torno a procesos vitales tan significativos como son el origen y el final, y las relaciones de pareja. Temas muy relacionados entre sí y que encierran la práctica totalidad de la existencia del ser humano.

Un trabajo que toma cuerpo en forma de este libro. Lo tienes entre tus manos, lector. Ahora el juicio te corresponde a ti.

Mayte Fernández Uceda
Agosto de 2014 

2 comentarios:

Alma Phillip dijo...

Excelente prologo y estoy de acuerdo 100%, los cuentos de Boris nos dan una imagen-anécdota sin necesidad de la anécdota en sí. Pocos autores adquieren un estilo tan caracteristico, tan suyo propio. Creo que si en un cuento no apareciera su nombre, por la forma de narrar se delataria.

Boris Rudeiko dijo...

Muchísimas gracias, Alma.