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Imagen tomada de la web INED21 |
El tren se
deslizaba monótono. La señora de enfrente me observaba con disimulo. Entonces
me di cuenta de que no llevaba puestas las gafas de sol, pero no pude
encontrarlas en el bolsillo donde las guardo. Cerró el libro que estaba leyendo,
me miró y dijo: «Perdone, un accidente de coche, ¿verdad?». «¡No!», dije yo. Y
ella: «Entonces, ¿de nacimiento?». «No, tampoco». Se encogió de hombros y volvió
a la lectura. Al cabo de unos minutos me miró de nuevo, radiante, y afirmó: «Ya
sé, lo perdió en una pelea». «No, no fue así», dije, mientras lo sacaba de la
cajita y me lo colocaba en la cuenca vacía. Ella movió la cabeza, se levantó
del asiento y salió al pasillo.
©Manuel
Navarro Seva
Madrid,
octubre de 2010
6 comentarios:
Se quedó con las ganas de saber...Muy bueno ese final, si señor.
Un abrazo y mis deseos de felicidad en estos días de encuentros familiares.
Gracias, San. Me alegra que te guste el final.
Os deseo también unas felices fiestas de Navidad y Año Nuevo que están a la vuelta de la esquina.
Un abrazo,
Manuel
Gusto leerte de nuevo, Boris.
Truculento y efectivo. Da hasta dentera, jeje, señal de que es bueno.
Muchos abrazos y nuestros mejores deseos para vosotros en las fiestas navideñas.
Gracias, Edgardo.
Un abrazo,
Manuel
Gracias, Isabel.
Un abrazo y felices fiestas también para vosotros.
Manuel
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