viernes, 10 de julio de 2009

Gripe

    Retirado. Pueden encontralo en Cosas que nunca confesé a nadie.

7 comentarios:

naTTs R dijo...

Me ha parecido un cuento muy entretenido, sobre todo la parte del tren. Y que trata un tema realmente actual, de esa forma escéptica y con cierto acento cansino que creo que todos sentimos al respecto.

Boris Rudeiko dijo...

Hola, naTTs,
Gracias por pasarte y dejar tu opinión sobre el cuento. Creo que es un tema que nos va a cansar mucho en el futuro cercano. Esperemos que el virus no se convierta en demasiado peligroso para la salud.
Besos,

Turkesa dijo...

Hola, Boris: ¡Vaya! Esta prosa tiene tantas miradas como un prisma.

Admiro, en principio, la facilidad con la que se suceden, se mezclan se separan y se acompañan, alternativa o conjuntamente, lo ordinario con lo extraordinario; lo cotidiano con lo extraño; tú lo pones de una forma tal que resulta totalmente creíble. Como cuando desde el viaje en micro hasta la llegada al hospital, el narrador empieza a reflexionar sobre la señora con cara de porcino, hasta acabar caminando prácticamente en un chiquero, topándose en la calle con muchos porcinos de distintas posturas, prisas y actitudes. ¿La paranoia llevada a un extremo muy loco?
Y luego, vuelta a la realidad no sólo no exagerada, sino minimizada, en nombre de una supervivencia que permita algo de calidad. La mirada anterior, el viaje y la caminata hasta llegar al hospital, sugiere la exageración a la que puede llegarse empujados por una paranoia tan inútil como enfermiza -según mi interpretación-, claro que la posterior realidad hospitalaria (en todo sentido, pues hospeda lo terrible), no precisa de exageraciones que habiliten la paranoia, sino todo lo contrario.

Es así que en un formidable tejido nos presentas el contraste de esta segunda realidad, la del amigo con cáncer, donde se recurre a la negación o la resignación, no hay lugar ni motivo para evitar el abrazo o el contacto. Es una alternativa justa de minimizar la gravedad del mal que avanza en el cuerpo del amigo, a fin de contrarrestar la condena que espera y pesa como una Espada de Damocles.

Y por cierto, es una aguda crítica al comportamiento social.

Me ha fascinado. Totalmente. Te felicito. Admirable.

Un abrazo.

Turkesa dijo...

Ay, Boris! Te dejé un comentario nada breve ayer, ¡y ahora no está!

¿Tienes moderación previa?

Bueno, pruebo con esta protesta, jaja.

Besos.

Boris Rudeiko dijo...

Turkesa,
Sí tengo moderación previa, ya sabes, puedes encontrar de todo en la Red.
Disculpa mi demora en contestar, debido a que en mis vacaciones h estado aislado, salvo visitas cortas para atender el correo y poco más.
Gracias por tu amable y largo comentario.
Un abrazo,
Boris.

Esther dijo...

Aplausos.

Aplausos.

Este es uno de esos cuentos, Boris, donde los límites entre la realidad y lo fantástico son tan, pero tan difusos, que uno lee sobre un mundo real y cotidiano, pero no puede evitar que la imaginación se dispare en caminos fantásticos.

Abrazos,
Esther

Boris Rudeiko dijo...

Esther, qué bueno verte por mi blog una vez más. Gracias por pasar y por los aplausos.

Besos,
Boris.