martes, 15 de enero de 2013

Sobre la sangre derramada

No se me ocurre mejor presentación de Sobre la sangre derramada que la que escribe Montse de Paz en el prólogo que introduce mi nuevo libro.   

Prólogo                                                                                                                                                      


Sobre la sangre derramada… He aquí cuatro relatos cuyo telón de fondo es Rusia y, más concretamente, San Petersburgo, la ciudad de las noches blancas, ciudad que de inmediato evoca arte, palacios, arquitectura señorial y nieve. Hablar de Rusia es evocar, casi inevitablemente, la nieve.

Sangre sobre nieve. Esta poderosa imagen, tan simbólica en algunas mitologías, es la que me viene a la mente a la hora de buscar un eslabón, un nexo, algo que una y que defina ―si es que se puede definir― el conjunto de estos relatos surgidos de la pluma y la imaginación de Boris.

En su prefacio, él dice que la infidelidad es un tema común a estas cuatro historias. ¿Infidelidad? Sí, en cierto modo, aunque también podríamos descubrir, en sus protagonistas, curiosidad, afán de vivir y un terco empeño en ser leales a sí mismos, aunque a veces sea de manera un tanto tortuosa.

La prosa de Boris es transparente y precisa, como los cristales de nieve. No hay frase al azar ni palabra fuera de lugar; no hay faceta que no guarde algún significado o despierte una sensación. Pero tras esta prosa impecable y estructurada laten personajes de carne y de sangre, con sus instintos, sus pasiones y sus sueños. Son personajes humanísimos en los que todo lector puede reconocerse en algún momento. Personajes que se mueven en un mundo frío y ajetreado, esparciendo o conteniendo su fuego interno. Sangre sobre nieve.

Cuando Manuel ―Boris, tal como lo conocemos entre compañeros de letras― me pidió que escribiera un prólogo a su libro sentí al mismo tiempo alegría, agradecimiento por la petición y temor de no estar a la altura. Es, de todos mis amigos escritores, uno de los que más admiro y respeto, no solo por su destreza con el lenguaje y su capacidad de crear personajes densos y verosímiles, sino porque es un caballero en todo el sentido de la palabra. Se respeta a sí mismo y respeta a los demás, sabe ser humilde y se deja aconsejar; también sabe ayudar a los demás a rectificar y a mejorar. Siempre abierto a aprender algo nuevo, actúa con reflexión y decisión a la vez. Es una gran persona, en la vida y en la literatura, y esto es algo valiosísimo de encontrar.

Así que aquí van estas líneas introductorias, quizás un poco torpes, un poco caóticas, más intuitivas que racionales, sesgadas por mi amistad y por el gusto con que leo sus relatos, pero no menos ciertas. ¿Qué puedo añadir?

Que si un buen cuento es aquel que estalla en nuestra conciencia como un rayo súbito, rasgando el velo de la realidad y abriendo ante nosotros el atisbo de otro escenario insólito, los cuentos de Boris son así.

Que si un buen relato es aquel que nos atrapa y nos empuja, sin soltarnos, a seguir leyendo sin parar hasta llegar al final, las historias de Boris son así.

Que si el artista no es tanto aquel que crea belleza, como el que la halla en el mundo que le rodea, Boris es un consumado explorador que sabe encontrarla en los lugares más insospechados y cotidianos.

Que si la buena literatura es aquella que evoca, impresiona y despierta interrogantes más que da respuestas, y todo ello lo consigue a través de una palabra limpia, fluida, que se desliza con suavidad y a la vez con la fuerza de un caudal profundo, leyendo este libro estamos, sin duda, ante literatura de la buena.

Montse de Paz
1 enero de 2013

2 comentarios:

Mercedes Pinto dijo...

Muchos, después de leer esta magnífica reseña, dirían aquello de “ya me puedo jubilar”; pero como bien sabes, un escritor no se jubila nunca; mientras conserve la imaginación… Este es un oficio en el que difícilmente se llega a ser maestro y para el que, como si de un extraño veneno se tratara, no hay antídoto. Así que tus palabras son para mí un valioso aliciente que me animan a seguir. No tengo que decirte lo duro que es hacer llegar tus cuentos al mundo, escribirlos es otra historia, pero darlos a conocer es un trabajo agotador. Cuando alguien te dice, como es tu caso, que ha disfrutado de tu historia, ya todo vale la pena.
Veo que no eres un lector más, que, como buen escritor, te has entregado a la lectura con generosidad, dispuesto a saborearla. Esto lo valoro muy especialmente en el lector que además es compañero de oficio; no es cosa fácil halagar el trabajo ajeno cuando en la vida real es un competidor.
Mil gracias por todo, Manuel, por estar ahí desde que nos conociéramos en la red, a pesar de que yo no te he correspondido como debiera. Es un gran honor tenerte entre mis lectores.

Boris Rudeiko dijo...

El honor es mío, Mercedes. Tu libro es un gran libro y su lectura me ha hecho disfrutar y aprender. Así que, gracias a ti por escribirlo.
Otra cosa, Mercedes, deberías haber escrito este comentario en la reseña de tu propio libro, no del mío. En todo caso, me doy por enterado.
Besos.
Manuel