viernes, 19 de octubre de 2012

Cosas que nunca confesé a nadie


Os presento mi libro de cuentos, disponible en Amazón. Se trata de una selección de cincuenta relatos cortos y microrrelatos.
Podéis encontrarlo en este enlace:
Cosas que nunca confesé a nadie en Amazón.es
Está publicado para Kindle, pero quien no disponga de este lector electrónico, puede descargarlo en formato Kindle para Windows mediante esta Aplicación gratuita.
También hay disponibles aplicaciones para smartphones y Tablets 
Os dejo este vídeo de youtube que explica cómo bajarse el libro desde Amazón:
Cómo comprar eBooks desde el computador con Amazon Kindle Reading Apps
Y esta explicación en imágenes 10 pasos para comprar un libro Kindle si no tengo un kindle

Espero que disfrutéis de su lectura, tanto o más que yo al escribirlo.

 En la Feria del libro de Miami (stand de eRiginal Books).

 

lunes, 15 de octubre de 2012

Entrevista a José Martínez de Sousa

Entrevista a Pepe Martínez de Sousa publicada en la Revista Literaria Prosofagia nº 16, septiembre 2012.
Por Boris Rudeiko 





Háblenos de usted

—En 1949, con 16 años, realizó su primer trabajo tipográfico en un taller escuela de artes gráficas. ¿Qué recuerdos conserva de aquellos años y cómo influyeron en su vida?

Fue una época crucial, como suele suceder. Me encontraba interno en un colegio salesiano. Todo estaba por definir, y en ese momento empecé a valorar cuanto me rodeaba. Me di cuenta entonces de que pertenecía a una sociedad y de que esa sociedad me iba a exigir, no tardando mucho, que fuera capaz de integrarme en ella totalmente.

—Se declara autodidacta. Cuéntenos cómo aprendió.

Después de los años de estudio de tipografía, cuatro en total (repartidos entre Sevilla y Madrid), me trasladé a Barcelona, donde entré en Editorial Bruguera como corrector tipográfico. La época era difícil y encontrar un trabajo fijo suponía toda una hazaña (no exactamente como hoy, pero muy cerca). Ocho años después me trasladé a La Vanguardia (diario de Barcelona), donde trabajé los dos años siguientes, tras los cuales pasé a Editorial Labor. En esta editorial, en mi opinión la mejor que ha tenido España, aprendí y apliqué los elementos de la edición. Aprendí todo lo que me quisieron enseñar y enseñé todo lo que de mí quisieron aprender.

—Recibió la medalla del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid. ¿Qué significó este galardón para usted?

Fue un momento de mi vida especialmente emotivo, porque pienso que no me lo merecía, lo cual agiganta su valor. Suponía, además, una especie de espaldarazo por una obra realizada a lo largo de muchos años. También valoro la presencia en aquel acto de muchos amigos que siempre han creído en mí.

—Es bibliólogo, lexicógrafo, escritor, conferenciante, pero, en espe¬cial, ortotipógrafo. ¿Alguna de estas actividades le ha resultado más gratificante en el plano profesional, intelectual o humano?

Todas esas técnicas son para mí muy importantes y en todas he querido especializarme en medida suficiente como para poder realizar, apoyándome en ellas, las obras que he escrito, las conferencias, cursos y cursillos que he dado, los talleres que he dirigido, etcétera. La ortotipografía es tal vez la más moderna (curiosamente), no porque lo sea en sí, sino porque los medios modernos han ampliado increíblemente la capacidad individual para llevar a cabo la realización de un impreso por complejo que sea (con algunas limitaciones técnicas si no se cuenta con los conocimientos y los medios necesarios). Hacer un libro es hoy posible para cualquiera. Hacerlo bien es otra cosa. Aquí es donde entran en acción la bibliología y la ortotipografía, indispensables, hoy como siempre, para realizar una obra bien hecha.

—¿Qué clase de literatura le gusta leer y cuáles son sus autores favoritos?

Si tuviera tiempo para dedicarme a ella, la historia.

—Se dice que usted ha rechazado varias veces entrar en la Academia de la Lengua. ¿Por qué?

Hay que empezar diciendo que la Academia a mí nunca me ha propuesto para ocupar un sillón en la institución. Otra cosa bien distinta es que la Academia, por persona interpuesta, me ofreciera por tres veces la posibilidad de integrarme en ella a título de académico correspondiente en Cataluña. Como es sabido, este último nombramiento conlleva obligaciones, pero apenas reconocimientos (por no decir ninguno). La gente cree que esa designación es equivalente a la de académico numerario, y no es cierto. De aquí que al saber que lo he rechazado se pregunten unos y otros qué es lo que quiero. En el año 2004, con motivo de una visita a la Academia relacionada con el Diccionario panhispánico de dudas, Gregorio Salvador y Víctor García de la Concha, a la sazón secretario y director, respectivamente, me mostraron su extrañeza por mi rechazo al nombramiento. Les respondí que yo no rechazaba el nombramiento de académico numerario, justificado por mi producción y mi trayectoria, pero sí rechazaba el de correspondiente porque creía que no se ajustaba a los méritos contraídos por mí a lo largo de los años. La Academia no tardó en darme cumplida respuesta. Con motivo de una entrevista que me hacía la revista La Clave de la Opinión Pública (mayo-junio 2006, pp. 82-84), Gregorio Salvador se refirió a sí mismo como «nosotros, los lingüistas de verdad», en maligna referencia a mi condición de autodidacta (condición de la que yo nunca he renegado). Como consecuencia de todo ello tenemos la situación actual: la Academia me considera persona non grata. Lo que no sabe la Academia es que, en justa correspondencia, yo la considero una institución que no merece ningún respeto por mi parte (y que se salve quien pueda).

Háblenos de sus libros

—Ha publicado una extensa obra sobre tipografía, ortografía, lexi¬cografía, bibliología... En 1974 publicó sus dos primeros libros: Diccionario de tipografía y del libro y Dudas y errores de lenguaje. ¿Puede hablarnos de ellos? ¿Qué significaron para usted?

Son dos obras que nacen por mis propias necesidades en relación con su contenido. Mientras trabajaba en Bruguera echaba de menos obras que nos ayudaran a los correctores a resolver nuestros problemas. Esas obras, sencillamente, no existían. La idea fue madurando, y al ingresar en La Vanguardia decidí dar forma a los materiales, primero los del Diccionario de tipografía y del libro y después los de Dudas y errores de lenguaje. Los dos se vendieron muy bien, pero el diccionario vino a ocupar un vacío que realmente existía en la bibliografía del español. Aún hoy día algún editor ha sugerido la idea de reeditarlo una vez más, pero es preferible que quede para siempre como lo que es: un clásico.

—En 1987 la Fundación Germán Sánchez Ruipérez publicó su Diccionario de ortografía técnica, que comprende la ortografía tipográ¬fica u ortotipografía. ¿A qué tipo de profesionales va dirigida esta obra y por qué?

Se trata de un paso adelante en la descripción de la materia que empezó con el Diccionario de tipografía y del libro. Va destinado a los autores, escritores, traductores y toda persona que necesite preparar un original para la imprenta.

—¿En general, a qué tipo de lectores van dirigidas sus obras?

Está casi respondida en la respuesta anterior. Sin embargo, cada obra tiene un lector específico y el conjunto trata de enriquecer a un grupo amplio, a veces no definible de una vez, de personas que tienen necesidades concretas. Algunas de esas obras han muerto por falta de actualidad y aquellos de sus contenidos que aún son válidos se han incorporado a otros libros actualizados. A veces, como en el caso del Diccionario de lexicografía práctica, van claramente destinado a un lector concreto. Otros, como el Manual de estilo de la lengua española, a un destinatario más amplio.

—¿Quién corrige sus libros?

Naturalmente, yo. No solo como autor, a lo que tengo derecho contractual, sino como corrector tipográfico y de estilo. Pero no soy el mejor corrector de mis libros. Esa función debe encomendarse a un corrector tipográfico, una persona que sea capaz de olvidarse de quién es el autor y corregir en consecuencia, con plena libertad.

Háblenos de la ortografía, la ortotipografía y las normativas

—En su libro Reforma de la ortografía española, publicado en 1991, propone una reforma del código ortográfico. De acuerdo a la actual ortografía, ¿considera que sus propuestas han tenido eco?

No, ninguno. En su actual ortografía la Academia no se ha propuesto realizar una reforma de la ortografía española, sino introducir algo de lógica en el conjunto de normas por que se rige el código ortográfico. Otra cosa es que lo haya conseguido. Yo creo que no. Es más: su afán, no cumplido, de que esta edición tratase en extenso de ortotipografía ha perjudicado la obra, puesto que ha introducido una serie de comentarios y normas en los que se da por supuesto que el lector conoce otros aspectos de tales normas, y no es cierto.

—En ocasiones puede haber normas de ortografía que entren en conflicto (al menos en apariencia, que resulten incompletas o algo insuficientes en la OLE) con las normas tradicionales de ortotipografía, por ejemplo, en el uso de los signos dobles con los signos de puntua¬ción o de las comillas en concurso con las cursivas. A su juicio, ¿existe una norma o técnica que debe prevalecer siempre, o la norma depende del ámbito de escritura?

No, no existe esa norma unificadora en el encuentro de signos de diverso uso. Hay tendencias, como puede ser la anglosajona y la latina, y cada una trata de que se acepte su propio uso. Por ejemplo, el punto dentro o fuera de las comillas de cierre en las citas, la situación de la llamada de nota cuando coincide con un signo, la grafía de los paréntesis y otros signos cuando coinciden con la cursiva, etcétera. En general, tradicionalmente se han estado aplicando normas de origen francés, pero en la actualidad se advierte una notable influencia del inglés. Influencia que no todos aceptamos.

—¿Qué opinión le merece la «sublevación» de algunos académicos frente a ciertas normas de ortografía, como por ejemplo el señor Pérez-Reverte, que continúa escribiendo con tilde «sólo»?

Creo que ha sido bochornoso el enfrentamiento entre académicos, enfrentamiento del que hemos sido asombrados espectadores. De todas formas, al parecer están muy justificadas las comillas con que algunos medios han escrito la palabra sublevación. Se ha corrido la voz de que todo fue una puesta en escena (otros lo llaman montaje) para estimular la venta de la nueva Ortografía. Yo no estaba allí… En cuanto a decisiones como la de Pérez-Reverte, es impropia de un académico (y si realmente no está de acuerdo con las decisiones académicas, que dimita). Yo también me he «sublevado» y sigo escribiendo guión, con tilde, pero no soy académico. Ciertamente, en mi opinión la postura maximalista de la Academia en relación con la tilde de voces como guión, pión, Sión, etcétera, es inaceptable.

—La Real Academia Española en tres siglos ha publicado diez edi¬ciones de la ortografía, siendo la actual del año 2010 y la anterior de 1999. ¿Cree que esta menor diferencia en tiempo de las últimas revi¬siones pueda marcar una tendencia para más prontas actualizaciones de la ortografía por las academias o, más bien, que se haya ejecu¬tado la sustitución de la obra de 1999, tan escueta que resultara insu¬ficiente? ¿Le parece que las 800 páginas de la Ortografía de 2010 podrían ser indicativas de una obra concebida para perdurar en el tiempo?

Desde luego, 162 páginas pueden considerarse pocas si pensamos que se trata de la Ortografía de una gran lengua, pero, por el contrario, 800 son muchísimas en este mismo caso, especialmente si tenemos en cuenta que es una obra muy densa. Tal como usted apunta, esas 800 páginas podrían ser indicativas de una voluntad de perduración, pero hay otros elementos que nos indican que no es así. Por ejemplo, las imperfecciones con que nace esta edición. Los defectos de esta obra nos indican que pronto debería tener otra edición, que superara los defectos y errores de esta. Sin embargo, es probable que la Academia no quiera afrontar el trabajo, del que salió escaldada en 1999 y ahora en el 2010.

—El pasado 8 de mayo se presentó la Ortografía básica de la lengua española, que en palabras del académico responsable de la edición, don Salvador Gutiérrez Ordóñez: «Es una ortografía en la que nada sobra y nada falta». Sin embargo, es un libro de 250 pági¬nas frente a las 800 de la Ortografía de la lengua española. Parece una diferencia muy grande, ¿realmente, cree que nada falta en la Ortografía básica, o quizá es que sobra algo en la Ortografía?

Me apunto a esta última sugerencia. Precisamente una forma de encarar la edición ideal de la Ortografía sería podar en ella todo lo que en ella sobra manifiestamente. Después, entre otras cosas, organizarla mejor y dotarla de una mejor tipografía. Por supuesto, añadirle un índice alfabético y una bibliografía que ponga claramente de manifiesto quiénes o cuáles son las fuentes de las que ha bebido.

Háblenos de la literatura y el mundo editorial

—Hoy día se utilizan mucho las nuevas tecnologías de la informa¬ción y muchas personas escriben en las redes sociales, en blogs, etcétera. ¿Cómo ve la salud de la ortografía en estos medios?

Mientras podamos acercarnos a ellos con el convencimiento previo de que la que allí vamos a encontrar no es la ortografía estándar, no veo yo mucho peligro, porque son medios distintos. En el momento en que rechacemos esas grafías o bien en el momento en que esas grafías se desborden de su medio actual y «contaminen» el entorno considerado «puro» advertiremos que algo falla. De todas maneras, tampoco hay peligro: la ortografía, como el resto del lenguaje, ha cambiado siempre a lo largo de los siglos. No hay más que mirar con espíritu crítico la ortografía de hace tres siglos y compararla con la actual.

—Prosofagia va dirigida a un público lector principalmente intere¬sado en escribir y publicar literatura de ficción, en una época carac¬terizada por profundos cambios en cuanto a cómo y dónde se escribe, y cómo y dónde se publica. ¿Cómo ve el mundo editorial en la actua¬lidad? ¿Qué transformaciones se están produciendo, a su juicio, ante la apertura de campos no tradicionales, como la existencia de amplias posibilidades para que un autor autopublique sus obras, o la producción de libros electrónicos?

En mis años de trabajo en Editorial Bruguera llegué a leer profesionalmente miles de novelitas de amor, del oeste y policiacas. Ha pasado el tiempo y las cosas han cambiado. Para bien o para mal, pocas son como antes. Ya no es necesario agotar hasta la extenuación las viejas cintas de las también viejas máquinas de escribir. Hoy existen las tecnologías que nos permiten componer un texto (por ejemplo, una novela), compaginarlo, corregirlo y enviarlo a la sección de producción de la editorial. Pero hay un peligro: si el realizador de estas funciones no posee los conocimientos precisos para ello, mejor será que se abstenga. Las cosas se hacen hoy como entonces, solo que con mayor facilidad y más aprisa. Por ello, es aconsejable que el autor novel no intente realizar por sí mismo las tareas de confección de una obra si antes no ha aprendido cuanto se necesita saber. Puede ser fácil, pero hay que saber.

—¿Piensa que un escritor debe conocer bien la ortografía y la ortoti¬pografía? ¿Cuál sería la formación ideal de un escritor?

Depende del tipo de trabajo que lleve a cabo, pero, en general, debe saber bien, con garantías, todo lo relacionado con la ortografía usual o académica. La ortotipografía corresponde a los profesionales del impreso, sea cual fuere este, y son estos los que deben dictar las normas de composición y compaginación. Si el corrector de estilo tiene, además, buenos conocimientos de ortotipografía, miel sobre hojuelas. Podrá preparar el original para la imprenta, pues, como es sabido, un original complejo requiere que un experto señale los cambios diacríticos que hay que tener en cuenta en relación con el texto general.

—Usted ha sido corrector editorial. ¿Qué tiene que saber un corrector?

Si es un corrector de concepto (poco habitual), debe conocer bien la materia (el concepto) de que trata la obra; si es corrector de estilo, la gramática y el léxico principalmente, y si es corrector tipográfico, todo lo que se refiere a la tipografía, la ortografía, la gramática, la ortotipografía, etcétera. En el etcétera van englobadas una serie de habilidades difícilmente clasificables, como la atención y la búsqueda del detalle.

—¿De toda su obra, qué libros recomendaría a un escritor novel y de cuáles se siente más satisfecho?

Le recomendaría el Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas, el Manual de estilo de la lengua española (MELE 4), el Diccionario de usos y dudas del español actual (DUDEA) y la Ortografía y ortotipografía del español actual; si le interesara mucho la terminología del medio, le recomendaría el Diccionario de bibliología y ciencias afines, todos ellos de la Editorial Trea, de Gijón. Si quisiera conocer el campo de la realización de un libro, le recomendaría el Manual de edición y autoedición, de la Editorial Pirámide, de Madrid.
En cuanto al grado de satisfacción, me gustan todos por igual, más o menos, pero cada uno tiene su campo propio y también su historia.

—Y para terminar, en Prosofagia apreciamos sus manuales y nos consideramos alumnos suyos en cuestiones de ortotipografía. ¿Qué piensa de nuestra revista?

Por la calidad de las personas que intervienen en ella con distintas funciones, creo nos hallamos ante una publicación que puede tener un futuro esperanzador. ¿La fe mueve montañas? Bueno, tampoco se necesita tanto.

—Muchas gracias a Pepe Martínez de Sousa por someterse a nuestras preguntas y permitirnos conocer un poco más de su persona y de sus publicaciones, que consideramos imprescindibles en el mundo de la edición y la escritura.

Las gracias las merecen ustedes por facilitarme la posibilidad de asomarme al mundo de los creadores literarios.






sábado, 29 de septiembre de 2012

Prosofagia, número 16

Amigos:
El número 16 de Prosofagia ya está en la calle desde ayer. Os invito a leerlo y a verlo: esta vez contiene un buen reportaje fotográfico y ¡vídeos!, además de interesantes artículos y entrevistas a Pepe Martínez de Sousa y Ángela Vallvey.

Este es su contenido:



Secciones
SEA BUEN ALBAÑIL: «El leísmo, el laísmo y el loísmo» (Boris Rudeiko)
HUMOR GRÁFICO: «Ratones de biblioteca» (Nelo)
GRAGEAS LITERARIAS: (Elisabet, Plásido y Esther)
LITERATURA Y TECNOLOGÍA DIGITAL: «No todo el monte es eBook» (zoquete)
SOBRE LA LITERATURA: «Leyendo a Barthes: Análisis del relato II» (Elisabet)
ENTREVISTAS Y ARTÍCULOS: «Entrevista a Pepe Martínez de Sousa» (Boris Rudeiko),
«Crónicas mínimas» (Mariano Mandil, Randal),
«Diario del viaje a Vietnam» (Alex B. Quintana),
«Entrevista a Ángela Vallvey» (Elisabet),
«En casa de Fernando Arrabal» (Melusina)

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DOSSIER FOTOGRAFÍA
REPORTAJE: «revista reloaded» (pepsi),
RETRATO: «Fotógrafos que nos acompañan este año»
(José Luis Jaime Cortés, José Manuel Solana, Daniel Seller Suárez,
Plácido Fernández González, Mayca Cruz Pedraza, Sergio José Martínez Valls),
CUARTO OSCURO: «Fotografía y holema» (Plásido)

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CUENTOS Y POESÍAS: «Medusa» (Marcela Ribadeneira),
«El medallón de luz» (Edgardo Benítez),
«La hora sexta» (María Belén Ziade),
«Magda o la ausencia de oficinas» (Pablo Martínez Merino),
«Para ser» (Sabrina García Witzler),
«Lucas» (Damián Gandlaz),
«No quiero» (Antonio Romero Montilla),
NOTICIAS: «Coming soon»

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Fotografías «La selección de los fotógrafos»:
José Luis Jaime Cortés, José Manuel Solana,
Daniel Seller Suárez, Plácido Fernández (Plásido),
Mayca Cruz Pedraza (Mycure11), Sergio José Martínez (Valls)

Viñeta (HUMOR GRÁFICO): Nelo

Vídeo «Coming soon» e Ilustraciones: pepsi

Vídeos: Book Shop Santa Cruz - Espresso Book Machine (inglés),

Xerox, presentación «Espresso Book Machine» (español),

Fernando Arrabal entrevistado por Buenafuente (BFN - La Sexta)




domingo, 2 de septiembre de 2012

Sobre el aborto

Tengo un hijo discapacitado. Tiene treinta y ocho años y padece una parálisis cerebral infantil por un traumatismo del parto. Cuando el neurocirujano me preguntó si le autorizaba a operar a vida o muerte pese al riesgo de secuelas, dije que sí. Mi hijo tenía tres días y lo había visto mamar y llorar y dormir. Naturalmente que queremos a nuestro hijo, pero nadie que no haya pasado por esto sabe lo que es tener un hijo así. Con todo, la pregunta que más me hace sufrir es: ¿qué será de él cuando no estemos nosotros? A menudo pienso que si hubiera sabido lo que sé es muy probable que la respuesta al doctor hubiera sido no.


No sé si el ministro Gallardón tiene alguna experiencia de este tipo en su familia ni si prohibiría abortar a su mujer o a una de sus hijas (si tuviera hijas) en el caso de que el feto tuviera malformaciones, como pretende imponer a todos los españoles; o si hubieran sido violadas o existiera riesgo para la vida de la madre. No sé si el ministro Gallardón sabe que los discapacitados no disfrutan de los mismos derechos que el resto de los españoles, puede que estén escritos sobre el papel pero la realidad es bien distinta.

Quizás lo que le ocurre al ministro es que tiene un problema de conciencia: cada vez que su jefe Rajoy o su compañera Cospedal hablan de la herencia recibida, él se esconde en su escaño por la monumental deuda que dejó en Madrid cuando era alcalde. Así que se presta a lanzar el debate sobre el aborto, aunque no toque, a ver si nos olvidamos de la prima de riesgo, del paro y del rescate. Yo le pediría que deje la ley del aborto como está y se ocupe de lo suyo que es mejorar y modernizar la justicia en este país.

Manuel Navarro Seva. Madrid
Publicada en EL PAÍS el 4 de agosto de 2012

lunes, 16 de julio de 2012

No, hombre, no

Leo en EL PAÍS que el expresidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial Carlos Dívar ha reclamado al pleno del Consejo la pensión indemnizatoria prevista para altos cargos del Estado que le reportarían 8.670 euros mensuales durante dos años, al margen de la pensión de jubilación que ya solicitó en diciembre pasado como magistrado jubilado.

No sería justo que se le concediera esa pensión indemnizatoria, no solo por los hechos que le obligaron a dimitir, ni por los agravios comparativos que suponen los recortes anunciados por el presidente Rajoy, sino también porque nadie entendería que este señor siguiera disfrutando de sus fines de semana caribeños con cargo a las arcas del Estado.

Manuel Navarro Seva. Madrid
Publicada en EL PAÍS el 15.7.2012

martes, 24 de enero de 2012

Palomitas y Coca Cola



El viernes pasado por la tarde fui yo solo al cine Renoir Retiro. Todavía estaban poniendo anuncios en la pantalla, antes de empezar la película, cuando me levanté para dejar paso a una mujer que llevaba una caja gigante de palomitas y una Coca Cola grande. Se sentó a mi lado y empezó a comer en cuanto se acomodó en la butaca. No me di cuenta, sin embargo, del ruido que hacía con la boca hasta que empezó la película. Masticaba, sorbía. Yo, descentrado, no podía seguir la película, pero no me atreví a llamarle la atención. En un momento dado, la miré de reojo, metí la mano en la caja y empecé a comer palomitas también. Ella, sin dejar de mirar la pantalla, me ofreció el vaso y acepté.

© Manuel Navarro Seva
Relato incluido en el libro Otras cosas que no te conté.


domingo, 15 de enero de 2012

Necroslogía, una Antología de la muerte

     Necroslogía es una antología de relatos sobre la muerte y los fantasmas que la rondan: el miedo, la ternura, la tristeza, el amor, las flaquezas, los deseos, memorias y olvidos, e incluso el buen humor. En Necroslogía la vida y la muerte comparten la misma geografía, y no siempre está claro dónde termina una y dónde comienza la otra, ni siquiera si existe una frontera entre ambas.
     Si la muerte nos hace iguales, morir, en cambio, es un acto personal e intransferible; así como ninguna muerte prepara para la próxima, ninguno de los quince cuentos de Necroslogía prepara al lector para el siguiente. Esta es una antología para lectores que gusten de la incógnita de finalizar un relato y no saber con qué se encontrarán a la vuelta de la página, porque los cuentos están inspirados en experiencias de vida diferentes y son expresión de la particular forma de aproximarse a la literatura de cada uno de los autores.

     Para mayor información, visitad el enlace:  http://necroslogia.blogspot.com/

domingo, 18 de diciembre de 2011

Recuerdos

Como tantas veces había hecho de niño, sacó el cajón del armario ropero, lo colocó sobre la cama y se sentó a mirar las fotografías. Ella aparecía en casi todas con el pelo largo, ondulado. En una lo tenía a él en brazos, le acariciaba la carita y lo contemplaba, sonriendo. Pasó la yema del índice por la foto, la besó y se secó los ojos con el dorso de la mano. Luego guardó el cajón, se lavó la cara, se acomodó en el sillón donde ella solía sentarse y telefoneó a su hermano: «Acabo de llegar, ¿a qué tanatorio la habéis llevado?».

©Manuel Navarro Seva
Madrid, octubre de 2011

domingo, 30 de octubre de 2011

El fracaso escolar

Ana Mato ha dicho que en Andalucía “los niños están en el suelo en las aulas”, basándose en una foto publicada por un periódico malagueño en la que los escolares están sentados en el suelo no porque no tengan pupitres, sino, como han explicado el director del colegio de la foto y la consejera de la Presidencia andaluza, porque su maestra lo consideró conveniente para llevar a cabo una actividad escolar. Con este tipo de afirmaciones Ana Mato pretende atacar, una vez más, la enseñanza pública andaluza, desprestigiar al partido que gobierna en esa comunidad y justificar, por comparación, los recortes en Educación que se han llevado a cabo por la crisis en comunidades autónomas afines al PP, como Madrid, Castilla la Mancha, Galicia o Navarra, pero lo que consigue es desprestigiar al partido que representa y a ella misma, al utilizar anécdotas en lugar de argumentos.

España, junto con Portugal, está en el segundo puesto por la cola en fracaso escolar, con un 31,2% de jóvenes que abandonan los estudios después de la enseñanza obligatoria (14,4% es la media europea).

Díganos cómo piensan ustedes mejorar esta dramática cifra, que afectará en el futuro no solo a los jóvenes sin preparación para encontrar trabajo, sino también al Estado español que se verá obligado a pagar mayores subsidios por desempleo. Reducir el presupuesto en Educación, no parece que sea el camino más adecuado.

Manuel Navarro Seva. Madrid
Publicada en EL PAÍS el 29.10.2011

sábado, 15 de octubre de 2011

martes, 11 de octubre de 2011

El Edén

Adán y Eva de Hugo Van der Goes

La serpiente me quedó más gorda de lo previsto, pero el árbol y la manzana parecían de verdad. Javi hizo una birria de Adán, y Luisa, una Eva que parecía un espantapájaros, con aquellos pelos amarillos tapándole los pechos. Enrique tenía que hacer a Dios y no sabía cómo; yo le dije: «con una barba larga, una túnica blanca y unos ojos grandes que lo vean todo»; y él que no, que prefería hacer una paloma, que también era Dios. Cuando volvió la seño, que había salido a telefonear y a fumarse un cigarro, faltaba el querubín con la espada, pero se nos había acabado la plastilina.


©Manuel Navarro Seva
Madrid, octubre de 2008

miércoles, 5 de octubre de 2011

Entrevista a Montse de Paz

Por Boris Rudeiko
Publicada en el nº 13 de Prosofagia.


Con Elisabet compartimos dos años en la redacción de Prosofagia y seguimos trabajando juntos. Nos conocimos personalmente el 22 de marzo de este año en la Taberna del Gijón, en Madrid, por el mejor motivo del mundo: la presentación de su novela Ciudad sin estrellas, ganadora del Premio Minotauro 2011.
Entre ese momento y ahora, finales de junio, cuando nos encontramos de nuevo (esta vez virtualmente) para esta entrevista, otra novela suya ha llegado a las librerías: El heredero del clan, editada por Espasa, la misma editorial que publicó en 2008 Estirpe salvaje.



―Elisabet, ¿qué ha significado para ti la consecución del Premio Minotauro?
―Una alegría y un empuje muy grande, con todo el entusiasmo de quien ha logrado un hito. Luego, cuando lo piensas mejor, ganar un premio así da vértigo. Te preguntas si estarás a la altura, comienzas a pensar en el público lector, en todas las personas que han apostado por tu obra… y te das cuenta de que es una responsabilidad enorme. La novela está escrita, pero esperas que no defraude y que el premio te ayude a conseguir muchos lectores satisfechos.

―Como escritora te has presentado escasas veces a un concurso. ¿Qué te llevó a presentarte en esta ocasión?
―La verdad es que no era la primera vez que me presentaba a un concurso, incluso gané un premio de relato breve, en mis inicios como escritora. He enviado novelas a cuatro o cinco certámenes. Pero después de las primeras veces, me di cuenta de que era una enorme ingenuidad hacerlo, con mi poco rodaje, con la enorme competencia de escritores de prestigio que concurren y por el tipo de novela que escribo. Realmente, no encajaban con lo que perseguían los premios a los que me presenté. Así que me dije: se acabaron los concursos. Esta novela, concretamente, estuve tentada a enterrarla en el olvido. Pero dos personas de las que me fío me animaron a presentarme al premio. ¡Y salió bien! De no ser por ellos, quizás nunca la habría publicado.

―Mientras tus otras novelas corresponden al género de fantasía épica, ambientadas en sociedades que, aunque ficticias, corresponderían al pasado, Ciudad sin estrellas es una novela de ciencia ficción, cuya trama se desarrolla en un futuro post-apocalíptico. ¿Cómo fue la génesis de esta historia, tan distinta a las otras? ¿Cuál fue la fuente de inspiración?
―Concebí la historia original como un cuento. Quería escribir algo así como una metáfora futurista inspirada en el mito de la caverna, de Platón. Pero a medida que iba escribiendo me di cuenta de que la historia se alargaba, los personajes reclamaban su lugar y, en cuanto terminé el segundo capítulo, supe que aquello tenía que ser una novela. Y así fue.

Estirpe salvaje se presenta como una novela juvenil. ¿Es el caso de Ciudad sin estrellas, o es un libro para todos los públicos?
―Qué difícil pregunta. Me cuesta clasificar mis obras en este aspecto. Según los editores de Minotauro ―yo también lo creía así― es una novela para todos los públicos. Algunos lectores, sin embargo, opinan que es juvenil. Puede ser, dado que la historia es sencilla, iniciática, con un protagonista casi adolescente. Tal vez los jóvenes la disfruten más. Personalmente, diría que es una lectura apta para cualquiera a partir de los doce años.

―Perseo Stone, el personaje central, es un inconformista, un rebelde. Si hiciéramos una comparación con la actualidad de España, ¿podría decirse que es un «indignado»?
―Es tentador hacer la comparación. Pero creo que hay muchas diferencias entre Perseo y un indignado. En primer lugar, la mayoría de los acampados protesta por la falta de trabajo y de unas condiciones de vida dignas. Perseo tiene dinero y trabajo; en cierto modo es un triunfador, al menos profesionalmente, y no sufre problemas económicos. En segundo lugar, el movimiento 15-M se manifiesta públicamente, expresa de manera llamativa su indignación. Perseo no formula una protesta en voz alta: pasa directamente a la acción y lo hace de manera clandestina. Porque, y esto es otra diferencia, su actuación es ilegal. Comete una infracción, mientras que nuestros indignados, pese a los brotes de violencia puntuales, utilizan un cauce legal permitido en nuestra sociedad, que es la libertad de expresión y asociación. Otra diferencia es que la movida indignada ha sido recibida con simpatía por mucha gente; en cambio, Perseo se inscribe en círculos minoritarios y mal considerados, incluso despreciados, por la mayoría de ciudadanos. Más que un indignado, diría que es un insatisfecho. Su rebeldía no es tanto una manifestación pública de enojo, sino un inconformismo de índole, digamos, espiritual. Perseo es un buscador, no va abiertamente contra el sistema, pero está dispuesto a salir de él para buscar fuera lo que no encuentra dentro.

―¿Tu novela es una crítica a nuestra sociedad?
―En ella muestro algunas tendencias de nuestra sociedad, quizás llevadas a un extremo. El lector es muy libre de extraer conclusiones. Evidentemente, he elegido mostrar y subrayar ciertos aspectos de forma deliberada. Me inquieta ver cómo un pretendido estado del bienestar puede llegar a convertirse en una cárcel dorada para personas que no se conforman con vegetar y consumir.

―¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Cuánto tardaste en escribirla?
―Fue muy rápido, como me sucede con todos los cuentos. La idea brota de improviso, la elaboro mentalmente y me pongo a escribir. Esta novela me llevó unos tres meses. Eso sin contar con el tiempo de corrección. Suelo ser bastante perfeccionista y puntillosa y puedo corregir un manuscrito hasta seis o siete veces. Este proceso me lleva bastante más tiempo que escribir la obra en sí.
Por otra parte, Ciudad sin Estrellas ha sido publicada casi cuatro años después de ser escrita. Cuando la presenté al concurso no cambié nada sustancial, pero sí retoqué algunos diálogos y párrafos. Un amigo me sugirió que añadiera algo al final, que podía quedar excesivamente brusco y tajante, y así lo hice.
Posteriormente, la última corrección tras el premio y antes de publicar la novela fue veloz. La editora y yo íbamos a contrarreloj y tardamos apenas doce días, consultándonos dudas y sugerencias a golpe de e-mail. Las correcciones fueron nimias, arrugas y flecos, y algunas expresiones que no siempre quise retocar y que me respetaron. Dos anécdotas: la Editorial Minotauro no sigue la normativa de la RAE acerca del solo adverbio y lo mantiene con tilde ―cosa que me encantó, al parecer hay unos cuantos autores y editores que están en contra de este cambio. Y tampoco me hicieron quitar una sola palabra malsonante: «En Minotauro nos gustan los tacos», me dijo Vicky, la correctora.
Otro detalle importante que cambió la editorial fue el título de la novela, y esto sí que me dolió un poco, es como cambiar el nombre de un hijo al que ya te has acostumbrado a llamar así. Pero resulta que, además de una película y una serie televisiva, ya existe otra novela bastante reciente que se titula igual, así que por exigencias de marketing, hubo que cambiar.

―¿Tendrán una continuación las aventuras de Perseo? ¿Proyectas una segunda parte de la novela?
―Ya la estoy escribiendo, ¡voy por más de la mitad!

―La promoción de Ciudad sin estrellas te ha llevado a recorrer España, con presentaciones, distintos eventos, entrevistas, en una magnitud que es nueva para ti. ¿Cómo te has sentido?
―Sorprendida por el esfuerzo publicitario que hacen las editoriales cuando apuestan por una novela. Y muy agasajada, la verdad. En todas partes me han acogido con una amabilidad exquisita, y allí donde he ido ―Madrid, Valencia, Bilbao, León― las agentes de comunicación tenían concertadas muchísimas en-trevistas con los medios. Han sido unos días de maratón mediático, agotadores, pero muy estimulantes. Mientras estás en plena entrevista, ni te das cuenta de que pasa el tiempo. Te entusiasmas hablando de la novela, de temas que te apasionan… Conoces a profesionales de radio, prensa, televisión, todos tan diferentes y tan interesantes. En Madrid, incluso conocí a un grupo de blogueros ―futuros lectores― además de encontrarme contigo, Boris… Ese fue quizás el mejor momento del día. También me gusta que me hagan preguntas diferentes, originales o incluso polémicas, que me obligan a pensar. Solo después sientes el cansancio y un deseo casi irrefrenable de parar, de volver al retiro, para continuar escribiendo.
En las presentaciones, tanto en León como en Barcelona, he sentido mucho el cariño y el arropo de familiares y amigos, algunos de ellos me han demostrado su cercanía de una manera inesperada, y eso ha sido muy gratificante.

―Hace pocas semanas ha llegado a las librerías El heredero del clan. Esta es una novela que, por lo que nos has contado, te resultó particularmente especial y querida. ¿Por qué?
―Porque cuando la pensé tenía muy claros los dos grandes temas que vertebran esta historia. Son dos temas que me han marcado profundamente y, aunque la novela no tenga nada que ver con mi vida real, en ella plasmo de algún modo lo que he aprendido al respecto. Y, por otro lado, es una novela que tardé más de seis meses en terminar, la escribí con más calma y minuciosidad que las anteriores y la he corregido y retocado a conciencia, cambiando incluso algunos capítulos. Creo que en ella he hecho una progresión como escritora.

―Has publicado un par de libros más, un libro de autoayuda y un ensayo: Cómo curar los sentimientos negativos y Mujeres de Dios. Háblanos de ellos.
―El primero lo publiqué casi por casualidad. Se trata de una serie de reflexiones sobre siete sentimientos negativos que se me ocurrieron durante un verano, mientras hacía footing por las mañanas. Es psicología casera, basada en la pura experiencia, y pensé que podía ser útil a personas que tienen que capear con emociones y sentimientos bastante incómodos, pero que pueden convertirse en fuerza interior constructiva. Puse todas estas ideas por escrito, las envié a tres o cuatro editoriales de libros de autoayuda y tras recibir algunos «no» o silencio total, decidí olvidarlo. Más tarde, cuando comencé a escribir novela y entré en los foros literarios, contacté con una editorial de reciente creación, Doss Ediciones, que aceptaba manuscritos. Les escribí, les dije lo que tenía y ellos, en vez de interesarse por las novelas, dijeron que querían publicarme el ensayo sobre los sentimientos. ¡Fue mi primer libro publicado! La verdad, fue una coedición y se ha distribuido muy poquito, solo a demanda y en tres o cuatro librerías de Sevilla, Badalona y Barcelona. Pero me consta, sorprendentemente, que es uno de mis libros que más éxito ha tenido entre sus lectores. Incluso hace poco una lectora me dijo que había seguido sus consejos y le había resultado muy bien.
Mujeres de Dios tiene otra historia curiosa. Lo escribí a partir de unas charlas sobre las mujeres de la Biblia que di en mi anterior parroquia. Varias personas me propusieron recopilarlas y hacer un librito, y así lo hice. Lo envié a unas cuantas editoriales religiosas, hubo cuatro o cinco que se interesaron y una de ellas, Men-sajero, rápidamente aceptó publicarlo. Lo sacaron a los pocos meses, casi sin darme opción a corregir nada. Es otro libro del que también he recibido muchas impresiones positivas. Algunos lectores, cuando me ven, me piden que escriba más sobre este tema… Algún día lo haré.

―Tienes otras novelas ya escritas. Creo que un total de ocho. ¿Qué tipo de novelas son?, ¿hay alguna de ellas en proceso de publicación?
―Pues sí, tengo ocho… ¡y media! De ellas, tres ya publicadas, así que me quedan cinco. En Espasa tienen dos para lectura, una es la continuación de Estirpe Salvaje. Las tres primeras que escribí forman una trilogía que estoy comenzando a reescribir, pues la quiero remodelar de arriba abajo. Todas ellas, salvo la conti-nuación de Ciudad sin Estrellas, son fantasía épica y están relacionadas entre sí, como una especie de gran saga. Espero ir publicándolas algún día, pero de momento no hay fechas. La continuación de Ciudad sin Estrellas, si todo va bien, quizás se publique el año que viene, o el otro.

―Quienes te hemos leído en los foros literarios sabemos que tus cuentos rara vez pertenecen a la literatura fantástica o de ciencia ficción; más bien retratan personajes y sucesos del mundo real. ¿Existen razones determinadas para esa diferencia entre tus relatos breves y tus novelas?
―No lo sé. Mis cuentos son experimentos, me gusta jugar con múltiples temas, estilos y enfoques. Y es verdad, muchas veces están basados en situaciones reales. Son totalmente distintos a las novelas, a veces pienso que me sirven como ejercicios de entrenamiento y recreo, donde puedo ser audaz y probar efectos un poco arriesgados. En cambio, las novelas son carreras de fondo y en ellas debo mantener un pulso regular y constante. Son historias que piden extensión y hondura, relatos largos que abarcan etapas de una vida o vidas enteras. Los ejes de mis novelas son los personajes, más que la trama o la acción. Por eso no puedo ―o quizás no sé― condensarlos en cuentos breves. Me siento más cómoda desarrollándolos en novelas. ¿Por qué épica fantástica? Porque casi todas las historias relatan un proceso de crecimiento y maduración, o incluso de liberación. Y para describir esto, creo que el género fantástico es ideal. ¿Hay algo más épico en la vida de una persona que el paso de la infancia a la adolescencia, y las decisiones que toma durante esos años? Debo precisar que mi fantasía es bastante realista y en ella, más que lo mágico y lo fabuloso, prima lo iniciático.

―Háblanos de ti, Elisabet. Nos has contado de tu infancia, vivida en un ambiente con una fuerte impronta en literatura clásica. ¿Cómo influyó en las decisiones posteriores que has tomado con respecto a la literatura?
―En una conferencia de Carmen Martín Gaite a la que asistí en mis años universitarios escuché algo que se me grabó: las primeras lecturas marcan lo que vas a escribir algún día, cuando seas adulto. Y creo que así ha sido en mi caso. Esas lecturas han sido la leña que alimenta mi hoguera. Y de tal madero, tal llama…

―¿Cuáles eran y cuáles son tus autores y lecturas favoritas?
―En mi infancia y adolescencia, las novelas de aventuras: desde Tolkien hasta Emilio Salgari, pasando por Julio Verne, Walter Scott, Alejandro Dumas… También, cómo no, Homero. Y los libros de caballerías. A los ocho años mi madre me regaló una versión adaptada del Amadís de Gaula, Tirant lo Blanc y otros, y poco después un librito que leí una y otra vez, La antigua saga de Gudrun. Devoraba aquellas historias con fruición.
Hoy, mis preferencias son muy eclécticas: desde los españoles de las generaciones del 98 y el 27 ―Delibes, Unamuno, Galdós, Pío Baroja― hasta autoras como Mercè Rodoreda o Virginia Woolf. Bécquer me fascinó de niña, y creo que conservo algún poso de sus leyendas que se me remueve cuando me pongo a es-cribir. Me gustan las románticas Brontë, rompedores como D. H. Lawrence o esteticistas como Flaubert, Daudet o Gerald Durrell. Disfruto con la novela histórica (Robert Graves, Colleen McCullough, Umberto Eco), y de tanto en tanto me distraigo con algún bestseller de Noah Gordon, John Grisham o Ken Follet, aunque cada vez menos. Durante la carrera me fascinó una autora africana poco conocida, Bessie Head (leí y trabajé a fondo sobre sus tres novelas). García Márquez o Vargas Llosa me deslumbran. Y me deleita Ana María Matute desde niña ―fue la autora que me hizo descubrir que se podía escribir y se podía escribir bello—. Valle-Inclán, lo leo y releo porque creo que con su prosa aprendo a escribir-de-verdad. ¡Es una gozada! Y uno de los pocos autores que me obliga a usar el dic-cionario. Hace poco descubrí a Baricco, otro maestro. Y volviendo a los clásicos, cuando me canso de todo y quiero releer algo que me alimente por dentro… siempre regreso a Homero y a los relatos de la Biblia.

―Cuando decidiste estudiar filología, ¿pensabas ya en dedicarte a escribir, o tus aspiraciones eran otras?
―¡Qué va! Me gustaba leer, amaba la literatura, pero jamás pensé dedicarme a escribir en serio. De niña o de jovencita nunca me dije: «Voy a ser escritora». Es más, cuando caí atacada por la fiebre de las letras, ni yo misma era consciente hasta que alguien me dijo: «Tú ya eres una escritora». Luego he pensado que esto me ha ocurrido más veces, con otros aspectos de mi vida. Pasado un tiempo, vuelvo la mirada atrás, ato cabos y pienso: todo esto tiene sentido. Tenía que ser así. Pero las cosas más importantes de mi vida ―y escribir ahora es una de ellas― siempre han sido sorpresas, algo que brota como una flor inesperada en el camino. ¡Aún estoy saliendo de mi asombro!

―¿Crees que la carrera de filología contribuyó a tu formación como escritora?
―Claro que sí, aunque entonces, cuando era estudiante, nunca me planteé escribir. Lo que aprendí, mis lecturas de esa época, mis trabajos ahondando en las entrañas del lenguaje y en el alma de los autores, todo ha sido más leña para la hoguera de mi inspiración, estoy segura.

―¿Qué significan para ti los foros literarios?
―Han sido una parte importantísima en mi vida como escritora. Ahora, los considero como una especie de escuela donde he hecho amigos excelentes, de esos a los que quieres y quieres conservar toda la vida. Desde una perspectiva puramente literaria, han sido una etapa de formación, aprendizaje e intercambio muy intensa, que me ha hecho crecer como escritora y que, además, ha posibilitado que hoy esté publicando mis libros. Gracias a los foros contacté con mi primera editorial; gracias a ellos recibí consejos de otros escritores consagrados y decidí buscar agencia, y la encontré. Debo muchísimo a las personas que he en-contrado en los foros, a sus críticas y lecturas de mis textos. Entre otras cosas, ¡he aprendido a escribir cuentos!

―¿Y la dirección de la revista Prosofagia? ¿Qué destacarías de estos dos años en la revista?
―Que es un ejemplo magnífico de algo que se proclama mucho y se practica poco y mal: el trabajo en red. Con mis compañeros de staff, sin conocernos personalmente ni hablar cara a cara, cada uno en una punta del mundo, por así decir, hemos logrado una compenetración increíble que nos ha permitido editar regularmente la revista, sin fallar, durante dos años. Pero, además del trabajo, ha sido un tiempo de afianzar nuestra amistad, una amistad puesta a prueba por toda clase de complicaciones y problemas, naturales en cualquier iniciativa que se haga en grupo. Me parece que hemos salido bien parados y con ganas de seguir, además de aprender muchísimo. La verdad, mi sentimiento después de estos dos años es sobre todo de gratitud, de cariño hacia mis colegas de equipo y de deseos de ir a más con la revista.

―¿Cómo compaginas tu trabajo y la escritura? ¿Tienes una rutina diaria de escritura y lectura?
―Mi trabajo en la Fundación ARSIS me pide mucho, es a dedicación completa y no tengo intención de dejarlo, pero la literatura me estira… Así que lo compagino como puedo, casi siempre tirando de noches y robando horas al sueño. Intento leer un libro cada semana, cosa que no siempre consigo cuando tengo mucha faena. Y cuando estoy escribiendo una novela, procuro dedicarle un par de horas o tres cada noche, o a días alternos si estoy muy cansada. Y luego, cuando corrijo, lo mismo. Al terminar, me doy unos meses de descanso antes de emprender la escritura de una nueva obra. Así lo he hecho durante seis años, aunque este 2011, con el premio y la promoción de Ciudad sin Estrellas he roto un poco la rutina y me encuentro haciendo algo raro: interrumpiendo una novela, reanudándola… ¡y con otra a medias! Bueno, ya saldré de esta.

―Has escrito muchos artículos sobre literatura y sobre el camino a seguir para publicar con una editorial. ¿Qué consejos darías a un escritor novel que quiere publicar la novela que tiene guardada, sin saber qué hacer?
―Primero, que la dé a leer a otras personas. No solo amigos o familiares, sino a personas con formación en literatura que le puedan dar una opinión sincera y con fundamentos. Así sabrá si la novela es potable o debería retocarla, o mejor lo deja o se pone a escribir otra cosa. Siempre tiene la opción de llevarla a un lector profesional, pagando. Ahora bien, si está convencido de que su obra reúne la calidad suficiente y es de interés, que se lance a buscar editorial o agente literario, o ambas cosas. Mi estrategia hasta que fiché con Sandra Bruna fue la de «fuego a discreción» y no rendirme nunca. Eché todas las cañas al mar hasta que conseguí los primeros resultados. Y si con la primera novela no logra nada, le diría que siguiera escribiendo. A menudo, la ópera prima es impublicable, por poco madura, y la primera que se logra publicar es la tercera o la cuarta. Aunque hay casos bien sonados que desmienten esta afirmación. En todo caso, a este escritor le preguntaría si realmente quiere escribir, ahora y siempre, si está seguro de que la literatura forma parte intrínseca de su vida y no puede vivir sin ella… Si es así, entonces seguirá escribiendo, irá mejorando, no desfallecerá y algún día conseguirá ver su sueño hecho realidad. Pero tiene que estar convencido, enamorado, y lanzarse de cabeza.

―¿Cuáles son tus proyectos futuros como escritora?
―Terminar la continuación de Ciudad sin Estrellas. Reescribir mi primera trilogía. Escribir ―y publicar, claro― unas cuantas novelas más: las que tengo en mente y las que aún no han nacido en mi imaginación, pero que lo harán algún día. Y, con cada nueva obra que termine, mejorar, depurar mi estilo y conseguir una mayor belleza y profundidad en todo cuanto escribo.

―Muchas gracias, Elisabet. Me he sentido como en casa hablando contigo. Y, aunque ya lo he dicho alguna otra vez, me gustaría repetirlo: «Gracias por ser como eres». Un fuerte abrazo.
―¡Gracias a vosotros! Y un abrazo para ti, Boris.





Elisabet, Montse de Paz, nació en Lérida un caluroso 4 de julio de 1970.
De sangre mezclada entre una catalana y un leonés, creció escuchando cuentos y leyendas de boca de sus padres y abuelos. A los siete años empezó a inventar sus propias historias, que escribía e ilustraba a modo de cómics.
Estudió Filología Inglesa, pero una decisión personal la apartó del mundo literario y académico para entregarse en cuerpo y alma a trabajar en dos asociaciones humanitarias.
Comenzó como voluntaria en sus años universitarios y ahora es una de las directoras de la Fundación ARSIS. La vocación literaria, sin embargo, es algo que se lleva en la sangre, de manera que la pasión por la escritura volvió a surgir en ella cierta noche de verano de 2004…
El resto de la historia podéis leerlo en su blog (http://comollegarapublicar.blogspot.com).
Desde entonces, ha publicado cinco de sus diez libros escritos. Tras una época muy activa en algunos foros literarios, se unió a un grupo de compañeros del foro Prosófagos para fundar la revista Prosofagia.
Y sigue escribiendo, porque quien ama las letras «no vive de ellas», sino por ellas.
Confía en que sus obras, las inéditas y las que existen solo en su mente, llegarán un día a ver a la luz, aunque
eso no es lo que más le preocupa, ahora.

viernes, 25 de marzo de 2011

El debate nuclear

Poco antes del terrible terremoto de Japón y sus fatales consecuencias, el expresidente Aznar compareció ante los medios para, blandiendo un informe de FAES, con el tono arrogante al que nos tiene acostumbrados, defender las centrales nucleares, más baratas y limpias; criticar las medidas de ahorro energético del Gobierno, que tachó de ocurrencias; y desautorizar las energías renovables, por caras.
Lo que ocurre en Japón pone en entredicho su defensa de las nucleares, al igual que la realidad desmintió, en su momento, que había armas de destrucción masiva en Irak. La energía nuclear no es limpia, como él dice; produce radiactividad. Ni es barata, si se tiene en cuenta la seguridad de las personas y el coste del almacenamiento de los residuos nucleares.
Aznar tiene el don de la oportunidad. ¡Qué flaco favor le hace este señor a su partido y a España cada vez que habla!

Manuel Navarro Seva. Madrid
Publicada en EL PAÍS el 23 de marzo de 2011

jueves, 10 de marzo de 2011

La regeneración de la política

Dolores de Cospedal ha dicho en Palma de Mallorca que el nuevo candidato del PP a las elecciones autonómicas de la comunidad balear es un ejemplo de “regeneración democrática”, ya que no lleva en sus listas a ningún imputado. De paso, pidió la dimisión del presidente andaluz por el caso de los ERE irregulares. Lo dijo delante del imputado presidente valenciano, que no ha dimitido ni piensa dimitir, y ha sido confirmado candidato a las elecciones autonómicas valencianas.
Cabe suponer que si no hubieran confirmado a Camps les habría ocurrido en la Comunidad Valenciana lo mismo que en Asturias con el exministro Álvarez-Cascos, y eso significaría la pérdida de muchos votos. De modo que se vende la regeneración de la política en Baleares, se desvía la atención hacia los ERE andaluces y se salvan los votos valencianos. Todo un ejemplo de hipocresía política.
No sabemos qué hará el PP en el caso de que el imputado presidente Camps sea declarado por la justicia culpable de cohecho. Si eso ocurriera antes de las elecciones de mayo, ¿lo retirarán de la lista como manda la ley electoral? ¿Qué harán si lo condenan después de las elecciones?
Imputados por corrupción en las listas electorales, ninguno, por favor.

Manuel Navarro Seva. Madrid
Publicada en EL PAÍS el 10 de marzo de 2011