lunes, 8 de junio de 2020

'Sexta planta'. Una magnífica reseña de Cristina Suárez


Crimen, misterio y corrupción
Sofía Vega es una estudiante de farmacia que aparece medio desnuda y con un golpe bastante fuerte en la cabeza. Fue agredida en el Parque del Oeste de Madrid y cuando se despierta no recuerda absolutamente nada. Pocos días después aparece otra chica, Irene Soto, también universitaria, en las mismas circunstancias que Sofía, aunque esta vez en el Parque del Retiro. Algo más tienen en común, ambas estaban corriendo cuando fueron atacadas.
Todo es un misterio para el inspector Pardo y y la subinspectora López. Ellos son los encargados de resolver el caso de Sofía y cuando Irene aparece muerta, empiezan a sospechar que se podría tratar de un asesino en serie. Pero las cosas se van complicando todavía más cuando descubren en el entorno de Sofía algunos secretos que mejor que no vean la luz, así que el número de sospechosos va creciendo y la intriga se hace cada vez mayor, hasta llegar a un final que no todos esperan.
Es un thriller policíaco que Manuel Navarro ha sabido hilvanar muy bien hasta el final. Como siempre con una prosa muy cuidada, muy clara, con notas a pie de página para que sepamos más de ciertos lugares que aparecen en el libro, con diálogos entremezclados entre la narración, con momentos inquietantes en muchas ocasiones y con una trama llena de matices que toca muchos temas, tanto los propios de este tipo de novelas como incluso corrupciones políticas, extorsión, secretos de familia e incluso violencia de género. Me ha gustado cómo el autor ha sabido unir todo eso en su libro y el resultado ha sido realmente bueno. Consigue mantener en todo momento la atención del lector e incluso sorprende, algo para mí muy importante en novelas de corte policíaco.
También me ha parecido muy interesante el entorno en el que se mueven los protagonistas, los lugares típicos de Madrid, las zonas por donde suelen estar los Universitarios, los Colegios Mayores,… Seguro que más de un joven que lea la novela se va a sentir identificado. Como siempre, es un placer leer a Manuel, así que muchas gracias al autor por su nuevo libro. Ahora a esperar el siguiente.

lunes, 25 de mayo de 2020

Sexta planta


Mi nueva novela de suspense policíaco acaba de ver la luz tanto en digital como en formato impreso.

Es candidata al Premio Literario 2020 de Amazon .

Este es el enlace de Amazon para aquellos que deseen comprarla.

Esta es la sinopsis que aparece en la contraportada:

Sofía Vega, una estudiante universitaria, aparece medio desnuda y con un fuerte golpe en la cabeza en el parque del Oeste de Madrid. Días después Irene Soto, otra estudiante universitaria, es agredida en el parque del Retiro. Ambos casos guardan ciertas similitudes, lo que hace pensar a la policía que se trata de un asesino en serie.  
El inspector Pardo y su ayudante, la subinspectora López, a lo largo de la investigación policial, irán descubriendo los secretos que se ocultan en el entorno de Sofía Vega.
La historia se sitúa en Madrid y Buitrago de Lozoya, en el mes de octubre de 2018.
Un thriller policíaco con una trama bien tejida, un final inesperado y una prosa nítida y cuidada.
Corrupción política, crimen y secretos familiares son los ejes de esta obra de suspense policíaco.
 

domingo, 3 de mayo de 2020

Desescalada



Un día del mes de febrero, cuando el coronavirus era un virus lejano, fui al chino a comprar algo que necesitaba con urgencia —no recuerdo si fue una pila para el reloj, un paquete de folios o un carrete de hilo—. Le pregunté a Juan cómo estaba su familia en China. Me dijo que «todos bien». Sin embargo, las cifras de muertos y contagiados en Wuhan eran alarmantes. Yo pensaba que quizá los chinos tenían algo especial en sus genes, y por eso el virus se cebaba en sus compatriotas. Pero estaba equivocado.
Hoy, por primera vez tras casi cincuenta días de confinamiento, he salido con Juana y Manu a dar un paseo con mascarilla por los alrededores de casa. Hace un día precioso, de verano, y ha sido una experiencia tan deseada que hemos disfrutado cada minuto, cada paso. Todo está verde, la hierba muy alta y no había mucha gente.
Algunos negocios han empezado a funcionar. Juan aún no ha abierto su tienda después de marcharse de vacaciones antes del decreto de alarma, y eso no es una buena señal.

Madrid, 2 de mayo de 2020
© Manuel Navarro Seva

lunes, 27 de abril de 2020

Cuadragésimo segundo día de confinamiento

Foto del blog verdecora

A media mañana el sol entraba a través de la ventada del cuarto donde trabajo. Me asomé para que sus rayos acariciaran un rato la piel de mi rostro, del color del invierno, respiré un poco de aire fresco, observé el ligero temblor de las hojas de los arces y, antes de volver al trabajo, advertí que un vecino estaba de pie junto a uno de los rosales en flor. Me pareció que el hombre estaba hablando con las rosas. Creo que hablarles a las plantas estimula su crecimiento, pero yo, de momento, me limito a admirarlas desde mi ventana, aún no he llegado a esa fase de comunicación con ellas. Quizá cuando acabe el confinamiento baje al jardín y les diga algo.   

Madrid, 25 de abril de 2020
© del texto Manuel Navarro Seva

lunes, 20 de abril de 2020

Resiliencia

Foto de Olearys


Ayer mañana, cuando estaba ayudando a Manu a entrar en la ducha, me ha dicho que lleva nueve días con nosotros. Le he preguntado cuántos ha estado con su hermana y me ha dicho que catorce. Y yo, que dónde está mejor, si en su residencia o con nosotros; y él me ha contestado que en los dos sitios. Siempre responde así. Pero yo intuyo que tiene ganas de volver a su casa. Ayer tarde quiso hablar con Camuñas. Llamó a la centralita y consiguió hablar con él. Su compañero de habitación le preguntó que cuándo iba a volver y él le dijo que cuando acabara el coronavirus. Al terminar de hablar con él, me pasó con la cuidadora del turno de tarde. Ha habido cuatro usuarios enfermos pero ya están bien, y varios cuidadores han estado o están de baja. Los bomberos han desinfectado la residencia.
Manu sigue una rutina perfecta: música, tablet, televisión, baraja de cartas, dominó, aperitivo, comidas. Aplausos en el balcón a las ocho de la tarde, más televisión y a las doce en punto a la cama. Me gustaría tener su capacidad de adaptación.  

Madrid, 19 de abril de 2020
© del texto Manuel Navarro Seva

viernes, 17 de abril de 2020

Papel higiénico


He de confesar que me daba miedo pisar la calle, cruzar y entrar en el supermercado. No sé cuánto tiempo hacía que no iba a comprar. Tal vez dos semanas. En casa hemos estado tirando de despensa y de las compras online. Pero había una lista de artículos de primera necesidad que se habían agotado. Así que me puse la mascarilla y los zapatos de salir a la calle. Guantes no llevaba porque sabía que los daban en el supermercado. Los guantes que dan ahora en el supermercado son como unas bolsas pequeñas sin dedos que tienen la silueta de un guante pintada en una de las caras. Son incómodas porque se desprenden de las manos.

Había clientes esperando en la puerta separados dos metros entre sí para evitar aglomeraciones. Y dentro está todo organizado, pero hay que comprar deprisa, sin hablar con nadie, sin saludar a nadie, sin entretenerse a pensar si falta esto o aquello en la lista, sin comparar precios. Yo, como la mayoría, fui a los estantes a coger productos frescos envasados en lugar de esperar en los puestos de la carne o de la charcutería. Seguí un camino lógico que llevaba grabado en la memoria para no tener que retroceder, pero fue inútil. Empecé cogiendo papel higiénico, papel de cocina, film de corte fácil, palillos para el aperitivo, y después latas de mejillones, patatas fritas chips, aceitunas rellenas, Fairy, lejía, leche, queso, chorizo, salchichón, huevos, carne, café, aceite y, al final, cuatro barras de pan.

Al llegar a casa, dejé los zapatos detrás de la puerta y me puse las pantuflas. Me lavé bien las manos con jabón. Me quité la mascarilla y el jersey lo eché a lavar, saqué la compra del carro y la coloqué sobre la mesa de la cocina para que Juana la desinfectara con un trapo húmedo. Cuando terminó de desinfectar me dijo que faltaban los yogures, el papel de aluminio, y no sé qué más. Le dije que lo compraría la próxima vez, pero pensé que tardaré en volver a jugar a la ruleta rusa.    

Madrid, 16 de abril de 2020
© Manuel Navarro Seva

domingo, 12 de abril de 2020

Residencias

M-40 Foto de Carmen Molina

Nos telefonearon de la residencia para decirnos que había cuatro usuarios que tenían fiebre, y que, aunque estaban aislados, si lo deseábamos podíamos llevarnos a Manu a casa. Le pregunté a quien llamó si les habían hecho el test del coronavirus y me contestó que no. Luego te llamo, le dije. Juana y yo lo comentamos con nuestras hijas. Y Marta se ofreció a llevárselo a su casa para mantenerlo confinado en una habitación, por si acaso, y evitar así que nosotros nos pudiéramos contagiar. Fue una decisión difícil de tomar. Finalmente, pedí una carta a la residencia por si nos paraba la Guardia Civil y Marta fue a recoger a Manu y lo ha tenido quince días aislado en una habitación de su casa.
Ayer viernes acabó la cuarentena de Manu y a media tarde fui en el coche a recogerlo para traerlo a mi casa. Las calles estaban vacías como si la gente hubiera desaparecido del mapa, como si un terremoto o una guerra hubiera desolado el país. Pero los edificios permanecían intactos, las carreteras lucían como nuevas y el aire estaba limpio. Una ambulancia pasó con las luces parpadeantes y las sirenas a tope. Yo iba pensando en lo cómodo que es conducir sin tráfico y, sin embargo, me daba miedo ver la carretera tan desierta. De súbito los carriles de la autovía de circunvalación se redujeron a uno y un agente de la Guardia Civil me hizo señales con la mano para que saliera a un lateral y me detuviera junto a una rotonda. Un guardia me preguntó adónde me dirigía. Menos mal que yo iba pertrechado con varios documentos que justificaban mi desplazamiento. El agente me dijo que pusiera los papeles en el salpicadero, los miró con la mascarilla puesta y sin pestañear. Poco después me indicó que podía continuar y yo le di las gracias.    
Madrid, 11 de abril de 2020
© del texto Manuel Navarro Seva

viernes, 10 de abril de 2020

Asintomáticos


Esta mañana, después de levantarnos, subí la persiana de la habitación y se descolgó. Me quedé un rato sin palabras. Después me dije: «Quizá empleé mucha energía al tirar de la cinta».
Me fui a desayunar a la cocina pensando en por qué se había roto. La cinta no parecía ser el problema, quizá fuera el soporte del tambor, el propio tambor o alguna lama rota. El caso es que mientras me bebía el café estuve pensando dónde podía acudir para pedir ayuda. Se lo comenté a Juana, y ella dijo que creía que reparar una persiana no era un trabajo esencial. No obstante, ante la duda, me fui a buscar la solución en internet.
Encontré varios sitios donde arreglan persianas y llamé a un teléfono. Me contestó una voz ronca de fumador que podían mandar a un técnico. Le di las gracias y le dije que lo llamaría más tarde. Pero luego pensé: «¿Y si mandan a un técnico asintomático?». Juana y yo, después de un intercambio de impresiones, decidimos intentar repararla por nuestros medios. Así que saqué la caja de herramientas, arrimé la escalera y entre los dos abrimos el cajetín. El tambor se había salido de la guía. Lo hemos recolocado y hasta ahora funciona bien. Las manos se nos han puesto negras como el carbón. Las hemos lavado con agua y jabón durante un rato, y después nos hemos tomado otro café con leche en la cocina.     

Madrid, 10 de abril de 2020
© Manuel Navarro Seva

domingo, 5 de abril de 2020

Abuelos



Esta mañana he oído en la radio la lectura de una carta escrita por una enfermera de la UCI.  Al final de un día de trabajo, la escribió desolada por la muerte de un paciente que había entrado en coma en la unidad de cuidados intensivos que ella atendía. El hijo, que esperaba fuera, lo vio morir sin poder decirle nada, sin poder abrazarlo, sin poder consolarlo. Y la enfermera no solo sufría por la muerte de su paciente, sino también por el dolor que mostraba el hijo de su paciente. Lo reconozco, he estado llorando un rato.
Qué difícil debe de ser realizar un trabajo como el de enfermera de UCI, en el que no se puede salvar de la muerte a todos los enfermos a tu cargo. Qué difícil es acostumbrarse a que cada día nos den la cifra de muertos y de infectados. Qué difícil es vivir estos días de mierda. Saldremos adelante, claro que sí, pero ya nada será igual. Muchas familias habrán perdido a algún ser querido. Y muchos abuelos habrán muerto sin el consuelo de sus familias.     

Madrid, 5 de abril de 2020
© Manuel Navarro Seva

sábado, 4 de abril de 2020

Mascarillas



Nos quedan dos mascarillas de las que trajimos de Japón en diciembre del 2017. Allí mucha gente las llevaba puestas por la calle con objeto de no contagiar a los demás. Se supone que tenían la gripe o un simple catarro. En estos días de confinamiento he dedicado un rato a mirar las fotos de aquel viaje. Fue un viaje asombroso. Qué gente tan considerada. Qué cultura tan distinta a la nuestra. Qué paisajes. Qué templos. Qué trenes…
Ayer me puse una de las mascarillas japonesas para bajar la basura al contenedor del sótano. Abrí la puerta y pulsé el botón del ascensor con un poco de aprensión. Metí las bolsas en los cubos y regresé. Le di al bajo y salí a ver cómo estaba todo. Me hubiera gustado encontrarme con alguien, charlar un poco a través de la distancia social, pero no había ni un alma. Volví a casa y me lavé las manos con jabón durante un buen rato. A las ocho de la tarde salí al balcón a aplaudir y saludé con la mano a la gente del bloque de enfrente.

Madrid, 3 de abril de 2020
© Manuel Navarro Seva

jueves, 2 de abril de 2020

Testamento ológrafo


El pasado domingo, al despertar me quedé en la cama y encendí la radio. En el programa A vivir que son dos días Juanjo Millás y Javier del Pino hablaban sobre testamentos. Al oír esa palabra sentí un escalofrío. Pero no apagué la radio, pensé que todos tenemos que morir, sea por el coronavirus o por cualquier otra causa. Conectaron con una notaria que habló del testamento ológrafo que es aquel que el testador formaliza por sí mismo, escribiéndolo y firmándolo de su puño y letra sin intervención de testigo alguno.
Juana y yo disponemos de un testamento estándar que hicimos hace mucho, pero me gustaría modificarlo con el fin de incluir una repartición de bienes entre nuestros hijos. Creo que eso evitaría discusiones entre ellos. Me levanté de la cama con esa idea, y después de desayunar pensé ponerme manos a la obra, pero me llamó por teléfono un amigo que vive solo y tiene ochenta y ocho años. Estuvimos hablando un buen rato del coronavirus. Me dijo que no pisa la calle. Que no te lleven a una residencia, le dije yo. Después de colgar me puse a caminar por el pasillo e hice mis ejercicios de estiramiento. Cuando acabé, me serví unas patatas fritas y un vino tinto, me senté en la terraza a tomar el sol. Más tarde puse la tele y estaban hablando de las cifras de infectados y de muertos. Cuando me di cuenta, era la hora de comer.

Madrid, 29 de marzo de 2020
© Manuel Navarro Seva

sábado, 28 de marzo de 2020

Hidroalcohólico


Yo estaba leyendo cuando sonó el teléfono. Dejé el libro boca abajo sobre la mesa y descolgué. «Hola, Manuel, ¿cómo está?». Era la farmacéutica. Me sigue llamando de usted pese a las veces que le he dicho que me tutee. La conozco desde hace siglos. Es una mujer fascinante. Como vivo solo, voy a visitarla con frecuencia. Si veo que no hay gente en la botica entro y le pido una cajita de juanolas, de las pequeñas, de color rojo, y mantenemos una conversación sobre cualquier cosa, incluso sobre el tiempo. En casa debo de tener más de cincuenta cajitas de Juanola sin empezar, pero ella nunca me pregunta por qué tomo tantas. Cada vez que voy le digo que son para suavizar la garganta. Ayer hablamos de los nietos, de mis nietos, ella aún no tiene ninguno. Le dije que hacía quince días que no los veía ni los besaba. «Esto se nos va a hacer muy duro, don Manuel». Qué razón tiene. Merche es una mujer muy afable. Me encanta hablar con ella, ese ratito me levanta el ánimo. Ahora debo espaciar las visitas. El caso es que me llamó para decirme que ya había recibido el gel hidroalcohólico que le había pedido.          


Madrid, 28 de marzo de 2020
© Manuel Navarro Seva

viernes, 27 de marzo de 2020

Un día de confinamiento

Foto de David Aprea (Diario Vasco)

Al levantarme esta mañana me dolía todo el cuerpo. No había conseguido dormir bien. Yo achaqué mi dolor de cuerpo a no haber dormido bien, pero mi esposa me dijo que me pusiera el termómetro por si había pillado el coronavirus. Le dije que no era el coronavirus. No tenía ninguno de los síntomas o quizá sí porque, en realidad, me dolía la cabeza. Se lo dije y me obligó a tomarme un Paracetamol y a ponerme el termómetro. Para no discutir con ella me lo puse y tenía 36,6 y ella me dijo, lo ves, tienes fiebre porque estos termómetros digitales miden de menos. Entonces noté que tenía la nariz un poco congestionada, me la limpié con un pañuelo desechable y me fui a la cocina, abrí el frigorífico y comprobé que mi olfato seguía intacto. Se lo dije a ella, y me preguntó si tenía tos. Me aclaré la garganta antes de contestarle que no. Lo ves, te pica la garganta, me dijo. Que no, le dije yo. Me senté en mi butaca y me tapé las piernas con una mantita, pues las ventanas estaban abiertas para ventilar la casa y ella, al verme con la mantita, me preguntó si tenía frío. Le dije: sí, pero no estoy malo.
A mediodía no me ha dejado que ponga la mesa y ha abierto una lata de  mejillones y los ha servido en dos platillos, uno para ella y otro para mí. Después hemos comido en la misma mesa pero separados una distancia reglamentaria. Yo, de verdad, me encuentro bien, pero no quiero llevarle la contraria.

Madrid, 26 de marzo de 2020
© Manuel Navarro Seva

viernes, 6 de diciembre de 2019

Notas y fotos de un viaje a Egipto (II)


Día 5. El Cairo, pirámides y Esfinge de Kefrén



El Cairo es la ciudad más importante y extensa de Egipto. Con una población de casi 28 millones de habitantes es la más poblada de África. 
No fue necesario madrugar tanto este día. La cita era en el lobby del hotel a las 8.30, habiendo desayunado.
Las pirámides se encuentran a las afueras de El Cairo, muy cerca del hotel, pero, como ya he comentado, el tráfico es muy intenso en la capital y tardamos bastante en llegar. Antes ya se pueden divisar desde el autobús. La emoción es fuerte y mucho más cuando te encuentras junto a aquellas moles de piedra, construidas por los faraones como criptas funerarias desde el año 2700 a. de C.
Son un símbolo de Egipto.
Aunque se han hallado cerca de un centenar, las más grandes y conocidas son las tres pirámides de Keóps, Kefrén y Micerinos situadas en la meseta de Guiza.
Al llegar junto a las pirámides, descendimos del autobús y, después de una breve explicación de Saladino, tuvimos una hora de tiempo libre para caminar junto a estas construcciones que se conservan bastante bien, y para hacer fotos. Muchos egipcios se ofrecen para hacerte la foto de pie o sobre un camello a cambio de una propina.

Pirámide de Kefrén


Pirámide de Keóps









Pirámide de Kefrén




Es posible acceder al interior de las dos pirámides pagando una entrada de 400 LE, la de Keóps, o 160 la de Kefrén. No lo hicimos porque el guía nos avisó de que dentro no hay nada que ver, y el paso es muy estrecho y claustrofóbico.
Tras esta visita nos dirigimos en autobús al mirador desde donde se puede disfrutar de una fantástica vista panorámica de las pirámides y el desierto.






Pilar, Carmen, Juana, Enriqueta, Amparo

En una extensa explanada había un grupo de estudiantes egipcios, ataviados con bonitos trajes de colores y en formación. Eran estudiantes del idioma de China y celebraban un evento relacionado con la visita de un mandatario chino.




A continuación nos trasladamos hasta la Gran Esfinge de Guiza, una escultura tallada en piedra caliza de 20 metros de altura y 73 de longitud, dotada de cabeza humana y cuerpo de león recostado, que fue mandada construir por el faraón Kefrén. Se encuentra cerca de las pirámides y es uno de los monumentos más emblemáticos de Egipto. Fue una figura que protegía la tumba de Kefrén de los malos espíritus.




Manolo y Emilio

Desde allí nos dirigimos hacia un restaurante donde nos sirvieron unos entrantes a base de berenjenas a la plancha y hummus, y como segundo, arroz amarillo junto con tres langostinos y un pez, parecido a la trucha, a la plancha; de postre nos dieron un plátano egipcio, que es algo más pequeño que los plátanos canarios.
Después del almuerzo el guía nos propuso la visita a una tienda textil donde podríamos adquirir artículos confeccionados con el verdadero algodón egipcio, tales como camisetas, pasminas, pañuelos… Nos dejamos bastantes euros aprovechando las rebajas que pregonó el gerente del negocio al celebrar, según dijo, su cumpleaños. Las pasminas eran preciosas.
Regresamos al hotel a descansar y con el fin de acicalarnos para asistir a un espectáculo de luz y sonido en el recinto de la Gran Esfinge de Guiza, que tuvo lugar esa tarde-noche. Fue fantástico.

Juana, Enriqueta, Amparo, Emilio y Manolo




Día 6. Ciudadela de Saladino y el Barrio copto

La Ciudadela es un lugar que permite al visitante divisar unas maravillosas vistas de El Cairo y su perfil de minaretes y cúpulas de las mezquitas. Se trata de una fortaleza ubicada en lo alto del monte Muqatam desde donde se podía vigilar cualquier punto de la ciudad. Fue mandada construir por Saladino entre los años 1176 y 1193 d.de C. con el fin de defender El Cairo de las cruzadas europeas. Era el centro de gobierno del territorio. En su interior hay tres mezquitas de diferentes periodos históricos, entre las que destaca la Mezquita de Alabastro, llamada así por el material que la recubre. Fue construida por orden de Muhammad Alí entre los años 1830 y 1857 siguiendo el modelo de las mezquitas otomanas. Su gran sala de oración está decorada con mosaicos e incrustaciones de piedras preciosas. En el patio se encuentran la fuente de las abluciones y el reloj que regaló el rey Luis Felipe de Francia a Muhammad Alí a cambio de un obelisco del templo de Karnak que se llevó e instaló en la plaza de la Concordia de París.




Torre del reloj 

Fuente de las abluciones




Desde la Ciudadela nos dirigimos al Barrio Copto, ubicado en la fortaleza de Babilonia, donde habitan la mayoría de los cristianos egipcios. Se encuentran varias iglesias, donde se sigue el rito copto, y un museo. Paseamos por sus estrechas y adoquinadas calles entre tiendas de bisutería, libros y cuadros.
Entre los varios puntos de interés histórico, visitamos la iglesia de San Sergio, construida en mármol y madera en el siglo V en una cueva donde, según el Nuevo Testamento, se refugió la Sagrada Familia durante su huía a Egipto para salvar al niño del rey Herodes. Bajamos a la cripta. A continuación visitamos la sinagoga de Ben Ezra, donde se conservan miles de antiguos manuscritos judíos. Una pena, estaba prohibido hacer fotos.








A continuación visitamos el Museo Egipcio. El guía nos reunió, después de acceder al museo, para facilitarnos una breve explicación y nos dio una hora de tiempo libre para visitarlo por nuestra cuenta y hacer fotos.
El museo fue inaugurado en 1902 y cuenta con una importante colección de pinturas, estatuas, relieves, elementos funerarios y numerosos objetos.
Destacan, sobre todo lo demás, las salas dedicadas a Tutankamón (donde está prohibido hacer fotos), en las que se encuentran los tesoros hallados en su tumba, y la sala de las momias, donde se ubican los restos momificados de importantes faraones. Debido a que el actual museo no dispone de espacio suficiente para exponer la gran cantidad de obras y objetos que posee, se está construyendo el Gran Museo Egipcio. Un edificio nuevo que se inaugurará próximamente.

Fachada del museo

Saladino durante su explicación


Estatua de un negro de Nubia en la tumba de Tutankamón

Trono de Tutankamón



Momia



Sandalias de Tutankamón
Imágen de las momias Thuya y Yuya

Máscaras de oro de Thuya y Yuya


Capillas doradas de Tutankhamón. Efecto visual

Enriqueta, Amparo y Juana

El perro Anubis de la tumba de Tutankamón

Caja de los vasos canopos de Tutankamón


Estatuillas del tesoro de Tutankamón 



Estatuas de Amenhotep III y su esposa Tiyi


Estatua de Mentuhotep II


La única imagen de Keóps que se conserva

Enano Seneb y su familia

Estatua sedente del faraón Kefrén

Rahotep y su esposa Nofret

Al terminar la visita nos sentamos a una mesa de la cafetería y tomamos un refresco en espera de que llegara la hora prevista para irnos a almorzar.

Fuimos a comer a un restaurante situado en un barco atracado en la orilla del Nilo. A través de sus ventanas se podían ver otros barcos navegando por el río y unos niños pescando. Iban en una pequeña barca y extendían una red alrededor de ella. A continuación uno de ellos golpeaba el agua con un palo con objeto de que los peces salieran huyendo y se engancharan en la red.





Día 7. Menfis y la necrópolis de Sakkara

Comenzamos el séptimo día con una visita opcional a dos lugares emblemáticos del antiguo Egipto. Menfis, fundada por el primer faraón Narmer hacia el año 3100 a.de C. fue la primera capital del país desde su unificación hasta el año 2400 a. de C. Durante sus más de 3000 años de historia fue un importante centro político y religioso donde se coronaba a los faraones.
Durante el viaje por una carretera en mal estado, junto a un canal, observamos como varios obreros, hombres y mujeres con pañuelo en la cabeza, barrían los arcenes de la calzada y vertían al canal la basura que iban recogiendo: plásticos, papeles, latas, etcétera.
Menfis es un museo al aire libre donde se hallan expuestas decenas de reliquias del país, entre las que cabe destacar dos de las estatuas más importantes de Egipto, a saber, una colosal estatua de Ramsés II de 13 metros de altura en la que se aprecian todo tipo de detalles. Una de las joyas del país; y la esfinge de alabastro que mide 4 metros de altura, 7 de larga, y pesa 80 toneladas, que representa a la reina Hatshepsut.

Menfis


Ramsés II



Esfinge de alabastro
Amparo, Enriqueta y Juana


Ramsés II


Grupo 'Familia Real' con Saladino 


Volvimos al autobús y nos dirigimos a Sakkara, la necrópolis más importante de Menfis desde la primera dinastía hasta la época cristiana, donde se encuentra, en medio del desierto, la Pirámide Escalonada de Zoser, considerada la primera pirámide del mundo  y la gran estructura de piedra más antigua, construida con bloques de piedra calcárea por el arquitecto Imhotep durante el mandato del faraón Zoser en el año 2630 a. de C. Mide 140 m de longitud, 118 de anchura y 60 m de altura. Además de esta pirámide, en Sakkara se encuentran las tumbas de algunos nobles y gobernantes de prestigio en cuyo interior se pueden apreciar grabados que representan actividades de la época. Actualmente se sigue excavando en esta zona arqueológica.


Pirámide Escalonada



Juana, Enriqueta y Amparo



Relieves coloreados en las paredes de una de las tumbas


Almorzamos en el restaurante Cleopatra un bufé libre. Desde las ventanas de este lugar podíamos ver las pirámides.


Tras el almuerzo nos dirigimos en autobús al famoso mercado Khan el Khalili donde tuvimos tiempo libre para deambular por sus calles estrechas y realizar algunas compras practicando el imprescindible ejercicio del regateo. Visitamos el café Fishawy o café de los espejos, un lugar fascinante por su ambiente y privilegiada ubicación en el popular mercadillo de la capital egipcia.







Desde allí regresamos al hotel.

Día 8. El Cairo-Madrid
Ese último día bajamos tarde a desayunar y preparamos la maleta para el viaje de vuelta a Madrid. El check out del hotel era a las 12 y el autobús nos recogió a eso de las 14.30. Algunos se atrevieron a dar un paseo por la calle, otros subieron a la terraza a darse un baño en la piscina o tomar una cerveza. Fuimos a un restaurante a almorzar y después, al aeropuerto. Pasamos tres o cuatro controles hasta llegar a la puerta de embarque. Nuestro vuelo salió a las 19.30, puntual. Llegamos a Madrid a medianoche.

Copyright: Manuel Navarro Seva

Referencias: Wikipedia, blog espírituviajero.com y blog de viajes Civitatis Egipto.